Es distancia una absurda suma de centímetros y centímetros, metros y metros que se hacen kilómetros, y que me alejan de ti. No son meses, por suerte, ni años... Pero pasando los cinco días usuales esto se me hace más largo... Por suerte, cada día hablamos, escucho tu voz y me estremezco al sentir como esos sonidos batallan para acariciarme, como mis palabras susurran un sinfín de caricias que no puedo darte, pues son esos miles de centímetros los que me alejan de tus abrazos, de tus labios, de tus manos, de tus palabras, de tus besos, de tus ojos. Te extraño, sería una blasfemia colosal decir que no es cierto. Tu voz tras el teléfono es la que me hace callar y poner la mano en mis latidos briosos. Amo, luego respiro. Respiro, luego vivo. La vida tiene sentido. Vivo por ti. No puedo engañarme al querer abrazarte, y ver que no estás. Escapo de la oscuridad que se desdibuja a mi alrededor mostrándome sus figuras, esas que me devuelven al suelo, esas que me rescatan de mi mundo de imaginaciones... Camino sin rumbo viendo las luces lejanas, pues sin tus ojos que me guíen, mi brújula pierde el norte... Pero ya queda menos, en un par de días todas estos segundos que tardan lo que horas me parecerán lejanos; y entonces, los minutos correrán como locos, empujándose unos a otros, y haciendo que las horas parezcan en su longitud simples segundos... Ya casi siento tu presencia, tu olor, tus caricias, tus manos en las mías, tu mirada, tus palabras, tus gestos... tu esencia... tú... Tú que me cuidas como a niña pequeña aunque sea más grande, tú que me das tanto que me parece mentira, el aire que a veces me falta... Ya no hay miedo, son sabores, son colores...
Son tantas emociones... A veces tristeza, pero siempre felicidad. Porque tú me extrañas como yo te extraño a ti; porque los besos en la distancia no se pueden dar, pero sí sentir; porque no estás aquí conmigo pero igualmente te siento muy cerca; porque no se puede adelantar el tiempo, pero luego no querré adelantarlo; porque a través de una pantalla no puedo tomar tu mano, pero sí ver tus ojos y tu sonrisa; porque mi corazón va contigo, pero me lo cuidas bien...
Te llevo en mí en cada momento, cuando le susurro al viento tu nombre... En sueños te abrazo junto a la luna y las estrellas, una música suave me acompaña, es tu voz que ilumina mi sonrisa... Así, cuando las tristezas me inundan el alma, cierro los ojos y recuerdo tus palabras y viene con ellas una fuerza que me calma...
No sé cómo explicarte lo que siento yo,
sólo sé que al verte algo en mí despertó.
Algo fue que de tu sonrisa vino a mi corazón,
me llamó y aquí me tienes.
La vida debe ser feliz,
quiero quedarme junto a ti.
Sólo quiero acercarme un poco,
mirarte a los ojos,
saber que para ti también todo cambió.
Hay algo en tu mirada,
que me tiene enamorada.
Sólo quiero quedarme a tu lado y descansar.*
La vida debe ser feliz, gracias por contribuir a que así sea. Te quiero. Nos vemos en nada.
*De "Vacación", de Nelly Furtado.
>>> "Sólo sé que tu amor le ha devuelto a mi ser la esperanza, la voz, el color y la fe... qué sorpresa me dio el destino... (8)" <<<
Son tantas emociones... A veces tristeza, pero siempre felicidad. Porque tú me extrañas como yo te extraño a ti; porque los besos en la distancia no se pueden dar, pero sí sentir; porque no estás aquí conmigo pero igualmente te siento muy cerca; porque no se puede adelantar el tiempo, pero luego no querré adelantarlo; porque a través de una pantalla no puedo tomar tu mano, pero sí ver tus ojos y tu sonrisa; porque mi corazón va contigo, pero me lo cuidas bien...
Te llevo en mí en cada momento, cuando le susurro al viento tu nombre... En sueños te abrazo junto a la luna y las estrellas, una música suave me acompaña, es tu voz que ilumina mi sonrisa... Así, cuando las tristezas me inundan el alma, cierro los ojos y recuerdo tus palabras y viene con ellas una fuerza que me calma...
No sé cómo explicarte lo que siento yo,
sólo sé que al verte algo en mí despertó.
Algo fue que de tu sonrisa vino a mi corazón,
me llamó y aquí me tienes.
La vida debe ser feliz,
quiero quedarme junto a ti.
Sólo quiero acercarme un poco,
mirarte a los ojos,
saber que para ti también todo cambió.
Hay algo en tu mirada,
que me tiene enamorada.
Sólo quiero quedarme a tu lado y descansar.*
La vida debe ser feliz, gracias por contribuir a que así sea. Te quiero. Nos vemos en nada.
*De "Vacación", de Nelly Furtado.
>>> "Sólo sé que tu amor le ha devuelto a mi ser la esperanza, la voz, el color y la fe... qué sorpresa me dio el destino... (8)" <<<
El ser humano tiende a ser un inconformista por naturaleza. Siempre tendemos a anhelar algo más de lo que tenemos, a aspirar a más. Esto es bueno, pues este es uno de los alicientes de esta vida, pues si lo tuviésemos todo, si todo fuera perfecto, qué poca "gracia" tendría todo esto... Quien no tenga aspiraciones en la vida, quien no desee nunca algo más de lo que tiene, sea lo bueno que sea, tendrá un vida algo aburrida, creo yo...
Pero bueno, este tema me llevaría a enrollarme demasiado y desviarme de lo que en verdad hoy venía a hablaros; esto era sólo una forma de introducir la cuestión de que, en la parte negativa de todo esto, está el hecho de que siempre nos gusta quejarnos de todo... Cuando es verano, hace demasiado calor, cuando es invierno, el frío; si es alto, se queja, si es bajo, pues también; si estudiamos, preferiráimos trabajar, pero cuando trabajamos, volveríamos a eso de estudiar... "El caso es quejarse", siempre lo digo... Y yo la primera, lo admito. Por eso estoy hoy aquí, a pesar de saber que todo tiene su justificación, a sabiendas de que esto quizás no le interese a nadie, y admitiéndome a mí misma que lo hago por mero gusto al arte, y también porque alguien me lo sugirió, quizás medio en broma, pero ya me dieron ganas, después de muchos días sin actualizar por aquí...
A lo que voy es que vengo a analizaros unos cuantos detalles del último número del periódico Aula Magna, que dan gratuito, lo cual justifica que, viviendo únicamente de la publicidad que te meten, tampoco es que sean tan graves los fallos... En primer lugar, el primero que llamó mi atención. Después de comer, allí en Rabanales, me da por ojear este periódico. La última página es la típica con horóscopos y pasatiempos, entre los cuales había un (también típico) de buscar las diferencias entre dos imágenes. En este caso, eran diez las que debías encontrar... Después de dos minutos mirando de arriba a abajo las dos imágenes, concluí que o yo era muy tonta o esas dos imágenes eran exactamente iguales... Aquí os las dejo debajo (pinchando en ellas, podréis verlas más grandes), a ver si sois capaces de encontrar, no diez, sino sólo una diferencia...
Y otra cuestión es la lista esa que, justo al lado de las dos imágenes "diferentes", figura con los horarios de los autobuses de aquí de Córdoba. Mi pregunta ahora es simple: ¿por qué vienen todas las líneas regulares excepto la 3, la 4, la 7, la 8 y la 11? Porque de esas, cuando cojo autobús alguno, son el 3, el 4 o el 7... ¿Qué pasa con vuestro rollo? Que entiendo que no venga el E, ya que es periférico, o el N... Pero, ¿me pones las líneas O-1 y O-2 y las otras no? No lo entiendo... A no ser que él o la que haya escrito eso, haya puesto los que usa simplemente, o no sé, la verdad... En fin... Así fue como, ya poniéndonos a ojear con más detalle Alberto y yo, vimos la siguiente noticia:
Como decía Alberto... me parece muy bien que el equipo de ETEA haya ganado (lo cual veo normal, para eso pagan... para pintar y colorear y que su padre se lo pagará y le hará ganar...), pero si me dices qué modalidad jugaban, si era fútbol, baloncesto, balonmano, tenis o waterpolo, pues creo que sería mejor... Porque vale, marcadores entre los cuarenta y los sesenta puntos pues me hacen descartar algunos (porque esos marcadores por ejemplo en fútbol serían de equipos pésimos, vamos...),pero si me lo dices, casi que mejor, si no es mucha molestia, claro.
Y bueno, ya por sacar algo provechoso del análisis de la prensa, y que no sea todo criticar y criticar, sacando algo bueno pues encontré este artículo:
>>> "Así, sólo algunos privilegiados saben disfrutar de la buena compañía de la persona con la que comparten todo: sus alegrías, sus penas, buenos y malos momentos. Es bueno tener a esa persona cerca...apoyarse mutuamente, compartir una vida, y construir un terreno aún no edificado... Estoy de acuerdo con José M. Franco, pero bueno, al menos sé que queda gente que no es así, y personalmente en ese sentido me considero muy afortunada. Siempre es bueno compartir tanto las penas como los logros. Así, la tristeza por las primeras se divide y la satisfacción por estos últimos se multiplica. Gracias a todas esas personas que me hacen posible afirmar esto, en especial a ti, que tienes las mismas iniciales que el escritor del texto... J.M.F, me encanta compartir mi vida contigo, te quiero."<<<
Pero bueno, este tema me llevaría a enrollarme demasiado y desviarme de lo que en verdad hoy venía a hablaros; esto era sólo una forma de introducir la cuestión de que, en la parte negativa de todo esto, está el hecho de que siempre nos gusta quejarnos de todo... Cuando es verano, hace demasiado calor, cuando es invierno, el frío; si es alto, se queja, si es bajo, pues también; si estudiamos, preferiráimos trabajar, pero cuando trabajamos, volveríamos a eso de estudiar... "El caso es quejarse", siempre lo digo... Y yo la primera, lo admito. Por eso estoy hoy aquí, a pesar de saber que todo tiene su justificación, a sabiendas de que esto quizás no le interese a nadie, y admitiéndome a mí misma que lo hago por mero gusto al arte, y también porque alguien me lo sugirió, quizás medio en broma, pero ya me dieron ganas, después de muchos días sin actualizar por aquí...
A lo que voy es que vengo a analizaros unos cuantos detalles del último número del periódico Aula Magna, que dan gratuito, lo cual justifica que, viviendo únicamente de la publicidad que te meten, tampoco es que sean tan graves los fallos... En primer lugar, el primero que llamó mi atención. Después de comer, allí en Rabanales, me da por ojear este periódico. La última página es la típica con horóscopos y pasatiempos, entre los cuales había un (también típico) de buscar las diferencias entre dos imágenes. En este caso, eran diez las que debías encontrar... Después de dos minutos mirando de arriba a abajo las dos imágenes, concluí que o yo era muy tonta o esas dos imágenes eran exactamente iguales... Aquí os las dejo debajo (pinchando en ellas, podréis verlas más grandes), a ver si sois capaces de encontrar, no diez, sino sólo una diferencia...
Y otra cuestión es la lista esa que, justo al lado de las dos imágenes "diferentes", figura con los horarios de los autobuses de aquí de Córdoba. Mi pregunta ahora es simple: ¿por qué vienen todas las líneas regulares excepto la 3, la 4, la 7, la 8 y la 11? Porque de esas, cuando cojo autobús alguno, son el 3, el 4 o el 7... ¿Qué pasa con vuestro rollo? Que entiendo que no venga el E, ya que es periférico, o el N... Pero, ¿me pones las líneas O-1 y O-2 y las otras no? No lo entiendo... A no ser que él o la que haya escrito eso, haya puesto los que usa simplemente, o no sé, la verdad... En fin... Así fue como, ya poniéndonos a ojear con más detalle Alberto y yo, vimos la siguiente noticia:
Como decía Alberto... me parece muy bien que el equipo de ETEA haya ganado (lo cual veo normal, para eso pagan... para pintar y colorear y que su padre se lo pagará y le hará ganar...), pero si me dices qué modalidad jugaban, si era fútbol, baloncesto, balonmano, tenis o waterpolo, pues creo que sería mejor... Porque vale, marcadores entre los cuarenta y los sesenta puntos pues me hacen descartar algunos (porque esos marcadores por ejemplo en fútbol serían de equipos pésimos, vamos...),pero si me lo dices, casi que mejor, si no es mucha molestia, claro.
Y bueno, ya por sacar algo provechoso del análisis de la prensa, y que no sea todo criticar y criticar, sacando algo bueno pues encontré este artículo:
>>> "Así, sólo algunos privilegiados saben disfrutar de la buena compañía de la persona con la que comparten todo: sus alegrías, sus penas, buenos y malos momentos. Es bueno tener a esa persona cerca...apoyarse mutuamente, compartir una vida, y construir un terreno aún no edificado... Estoy de acuerdo con José M. Franco, pero bueno, al menos sé que queda gente que no es así, y personalmente en ese sentido me considero muy afortunada. Siempre es bueno compartir tanto las penas como los logros. Así, la tristeza por las primeras se divide y la satisfacción por estos últimos se multiplica. Gracias a todas esas personas que me hacen posible afirmar esto, en especial a ti, que tienes las mismas iniciales que el escritor del texto... J.M.F, me encanta compartir mi vida contigo, te quiero."<<<
Se podría decir que el problema de tener un blog y de escribir a menudo, dejando una pequeña reseña de mis inquietudes diarias, es que, en días como hoy, aunque parezca que ya estás hecha a ello, y que llega a ser más fácil, de nuevo queda la mente bloqueada… Y hoy que cumplo los 21, si me explico con claridad, a lo mejor con suerte os puedo hacer llegar algún resquicio de las ideas que se me vienen a esta edad, con algún tipo de coherencia y conexión…
Hace exactamente un año, escribía por aquí esto: “Quizás la vida me tenga preparadas muchos más cambios a la vuelta de la esquina, más caminos que atravesar, y distintas pruebas que superar, pero yo ahora no quiero preocuparme por el futuro. El pasado, pasado está y ya no puede cambiarse, y el futuro, nadie sabe qué nos deparará; sin embargo, el presente es nuestro, es mío, y eso es lo que me importa.” Y esos cambios llegaron, esos caminos se abrieron delante de mis ojos, me adentré en ellos y salí vencedora, viví experiencias que me pusieron a prueba… Y aquí estoy, dándole gracias a la vida por darme la oportunidad de haber podido vivir, ver, conocer y sentir todo eso que ha hecho de este año uno muy especial en muchos sentidos. Gracias a los que lo habéis hecho posible.
A los diecinueve, decía algo así como que “la vida me ha hecho pasar malos ratos, pero lo importante es que también han sido muchos buenos, buenísimos; y esos son, sólo esos, los que hoy quiero almacenar en mi corazón, para que este músculo tan potente que albergo en mi pecho sonría acorde conmigo. Porque la felicidad se basa en las cosas más simples de la vida…”. Y ahí sigo, desafiando a la vida y sus entresijos, y sumando esos momentos felices que hacen sonreír a mi corazón.
Pero sí caigo en la cuenta de que el tiempo sí que pasa, y que los años no vuelven más, algo que tiene sus puntos negativos, pero también sus positivos. Desde que entras en la etapa esa tonta del pavo, y después en la pubertad, los chavales y chavalas tienen la ilusión de que le echen más años, para fardar de experiencia, de juventud (no niñez), de fuerza, de agilidad, o qué sé yo… A mí nunca me han echado más años de los que he tenido (es más, hace unos días me echaron dieciocho, por ejemplo…). Y ahora, estás ahí que no sabes si es mejor que te echen menos, o que te echen más… Creo que yo nunca he sentido realmente la necesidad de volver atrás... Por ahora, me quedo como estoy… No me veo ahora con catorce años (no, ¡por Dios!), ni con dieciséis… ni dieciocho... Sí, es verdad que esos años de despreocupación, de travesuras, de supuestas muchas amistades… todas esas cosas, ahora ya no están. Ahora se tienen menos amigos y además muy diferentes, la vida está llena de preocupaciones y metas que cubrir, y tenemos la necesidad de buscar a esa persona especial con la compartir los momentos, llorar las penas y celebrar los logros… Pero lo prefiero… y mucho…
Y es que a veces es verdad que tendemos a mirar al reloj esperando que las agujas den vueltas más lentamente o más rápidamente, que vuelvan atrás incluso, o que se salten su avance uniforme... El tiempo no existe, las agujas son objetos que se mueven, igual que el Sol o la luna; la vida es movimiento, son experiencias y situaciones, no son horas, segundos o años... Las arrugas son reales, pero no aparecen con el paso del tiempo, aparecen con el paso de experiencias, de vivencias... Puedes tener arrugas ya y tener veinte años, o no tenerlas y tener sesenta... Mañana o pasado, o el año que viene no existen, existe el ahora, el momento, el futuro es solo un sueño, una ilusión para que podamos organizar mejor nuestra vida... Es necesario para no perder la cordura... Hay que saber mirar al "futuro" con ojos llenos de ganas e ilusión, pero también hay que saber mirar a lo que uno vive en el día a día, porque es lo real, lo tangible... Hay que ser feliz en el día a día, hay que saber ver la vida por lo que es... vivencias, experiencias, sabiduría, sentimientos, amor, paz, risas... Hay que saber soñar, y mirar adelante para saber donde pisar... pero hay que pisar donde uno quiere pisar y cuando uno quiere pisar... tenemos que disfrutar al máximo lo que nos queda aquí, porque puede ser ahora, o mañana, o dentro de un segundo en el que el control escape a nuestra manos…
Vive el momento, como lo quieras vivir, siempre soñando, pero viviendo aquí, y no en el futuro... porque el futuro no existe... el futuro se construye en cada instante y por eso nunca, nadie podrá saber cuál será su futuro... porque no existe, el futuro es el presente... Son nuestras decisiones de ahora las que forjan nuestro mañana.
Personalmente, me gusta mucho cumplir 21 años y plantearme nuevos retos en la vida y descubrir toda la vida en general que el mundo y lo que contiene puede ofrecerme. Y se me ha ocurrido, escribiros doce razones, una por mes, por las que pienso que está bien lo de cumplir 21 años… Ahí voy:
1. Porque, como he dicho, no me veo ni con catorce, ni con dieciséis, ni con dieciocho… y el veinte ya lo llevo usando un año y está muy visto…
2. Porque era un día veintiuno cuando te conocí… y eso cambió mi vida…
3. Porque los veintiuno es alcanzar la mayoría de edad mundial.
4. Porque, como consecuencia de la anterior, en Dublín no seríamos menores de edad.
5. Porque ya no eres ni un niñato/a, ni estás rozando los treinta, con lo que eso supone…
6. Porque así soy “más gaaande”…
7. Porque 2+1=3… y soy feliz...
8. Porque 21 = 3 x 7, y los dos números tienen algo especial…
9. Porque el día veintiuno de marzo es el equinoccio de primavera, y llega el buen tiempo...
10. Porque veintiuno es el siglo en el que se está desarrollando mi vida.
11. Porque en el Blackjack, conseguir esa puntuación significa ganar.
12. Porque es la cantidad de siglos para el calendario gregoriano, así que eso debe traer buena suerte.
Eso sí, el mayor motivo por el que me gusta cumplir veintiuno es porque puedo presumir de poder compartirlo con esas personas que quiero y me quieren, y que hacen que cada pequeño detalle, que cada momento, sea especial. Gracias por tantas cosas que significan tanto… Os quiero.
>>>”Con esas palabras dulces y esas ganas de vivir, lo amargo se vuelve dulce y el corazón comienza a latir al son de una musiquilla que nace gracias al amor que he encontrado en ti…” <<<
Hace exactamente un año, escribía por aquí esto: “Quizás la vida me tenga preparadas muchos más cambios a la vuelta de la esquina, más caminos que atravesar, y distintas pruebas que superar, pero yo ahora no quiero preocuparme por el futuro. El pasado, pasado está y ya no puede cambiarse, y el futuro, nadie sabe qué nos deparará; sin embargo, el presente es nuestro, es mío, y eso es lo que me importa.” Y esos cambios llegaron, esos caminos se abrieron delante de mis ojos, me adentré en ellos y salí vencedora, viví experiencias que me pusieron a prueba… Y aquí estoy, dándole gracias a la vida por darme la oportunidad de haber podido vivir, ver, conocer y sentir todo eso que ha hecho de este año uno muy especial en muchos sentidos. Gracias a los que lo habéis hecho posible.
A los diecinueve, decía algo así como que “la vida me ha hecho pasar malos ratos, pero lo importante es que también han sido muchos buenos, buenísimos; y esos son, sólo esos, los que hoy quiero almacenar en mi corazón, para que este músculo tan potente que albergo en mi pecho sonría acorde conmigo. Porque la felicidad se basa en las cosas más simples de la vida…”. Y ahí sigo, desafiando a la vida y sus entresijos, y sumando esos momentos felices que hacen sonreír a mi corazón.
Pero sí caigo en la cuenta de que el tiempo sí que pasa, y que los años no vuelven más, algo que tiene sus puntos negativos, pero también sus positivos. Desde que entras en la etapa esa tonta del pavo, y después en la pubertad, los chavales y chavalas tienen la ilusión de que le echen más años, para fardar de experiencia, de juventud (no niñez), de fuerza, de agilidad, o qué sé yo… A mí nunca me han echado más años de los que he tenido (es más, hace unos días me echaron dieciocho, por ejemplo…). Y ahora, estás ahí que no sabes si es mejor que te echen menos, o que te echen más… Creo que yo nunca he sentido realmente la necesidad de volver atrás... Por ahora, me quedo como estoy… No me veo ahora con catorce años (no, ¡por Dios!), ni con dieciséis… ni dieciocho... Sí, es verdad que esos años de despreocupación, de travesuras, de supuestas muchas amistades… todas esas cosas, ahora ya no están. Ahora se tienen menos amigos y además muy diferentes, la vida está llena de preocupaciones y metas que cubrir, y tenemos la necesidad de buscar a esa persona especial con la compartir los momentos, llorar las penas y celebrar los logros… Pero lo prefiero… y mucho…
Y es que a veces es verdad que tendemos a mirar al reloj esperando que las agujas den vueltas más lentamente o más rápidamente, que vuelvan atrás incluso, o que se salten su avance uniforme... El tiempo no existe, las agujas son objetos que se mueven, igual que el Sol o la luna; la vida es movimiento, son experiencias y situaciones, no son horas, segundos o años... Las arrugas son reales, pero no aparecen con el paso del tiempo, aparecen con el paso de experiencias, de vivencias... Puedes tener arrugas ya y tener veinte años, o no tenerlas y tener sesenta... Mañana o pasado, o el año que viene no existen, existe el ahora, el momento, el futuro es solo un sueño, una ilusión para que podamos organizar mejor nuestra vida... Es necesario para no perder la cordura... Hay que saber mirar al "futuro" con ojos llenos de ganas e ilusión, pero también hay que saber mirar a lo que uno vive en el día a día, porque es lo real, lo tangible... Hay que ser feliz en el día a día, hay que saber ver la vida por lo que es... vivencias, experiencias, sabiduría, sentimientos, amor, paz, risas... Hay que saber soñar, y mirar adelante para saber donde pisar... pero hay que pisar donde uno quiere pisar y cuando uno quiere pisar... tenemos que disfrutar al máximo lo que nos queda aquí, porque puede ser ahora, o mañana, o dentro de un segundo en el que el control escape a nuestra manos…
Vive el momento, como lo quieras vivir, siempre soñando, pero viviendo aquí, y no en el futuro... porque el futuro no existe... el futuro se construye en cada instante y por eso nunca, nadie podrá saber cuál será su futuro... porque no existe, el futuro es el presente... Son nuestras decisiones de ahora las que forjan nuestro mañana.
Personalmente, me gusta mucho cumplir 21 años y plantearme nuevos retos en la vida y descubrir toda la vida en general que el mundo y lo que contiene puede ofrecerme. Y se me ha ocurrido, escribiros doce razones, una por mes, por las que pienso que está bien lo de cumplir 21 años… Ahí voy:
1. Porque, como he dicho, no me veo ni con catorce, ni con dieciséis, ni con dieciocho… y el veinte ya lo llevo usando un año y está muy visto…
2. Porque era un día veintiuno cuando te conocí… y eso cambió mi vida…
3. Porque los veintiuno es alcanzar la mayoría de edad mundial.
4. Porque, como consecuencia de la anterior, en Dublín no seríamos menores de edad.
5. Porque ya no eres ni un niñato/a, ni estás rozando los treinta, con lo que eso supone…
6. Porque así soy “más gaaande”…
7. Porque 2+1=3… y soy feliz...
8. Porque 21 = 3 x 7, y los dos números tienen algo especial…
9. Porque el día veintiuno de marzo es el equinoccio de primavera, y llega el buen tiempo...
10. Porque veintiuno es el siglo en el que se está desarrollando mi vida.
11. Porque en el Blackjack, conseguir esa puntuación significa ganar.
12. Porque es la cantidad de siglos para el calendario gregoriano, así que eso debe traer buena suerte.
Eso sí, el mayor motivo por el que me gusta cumplir veintiuno es porque puedo presumir de poder compartirlo con esas personas que quiero y me quieren, y que hacen que cada pequeño detalle, que cada momento, sea especial. Gracias por tantas cosas que significan tanto… Os quiero.
>>>”Con esas palabras dulces y esas ganas de vivir, lo amargo se vuelve dulce y el corazón comienza a latir al son de una musiquilla que nace gracias al amor que he encontrado en ti…” <<<
Llegó el otoño, ya de verdad. Con su lluvia, su viento, su fresquito, los resfriados… Y en mi casa estamos los cuatro que entre que empieza uno, otra sigue, otra se le pega… ahí vamos. Y yo ahí ando, incubándolo, con ese típico picor de garganta y flojera general, la cual también se ve favorecida por este tiempo. Sí, es la pescadilla que se muerde la cola… Pero en fin, esa es sólo la excusa para comenzar hoy, por fin, a escribir algo por aquí.
Yo, que intento, como dice una profesora de la facultad, luchar contra esa idea de que la gente de ciencias y las letras no nos llevamos bien… (¿No nos vamos a llevar bien si hasta sabemos de griego más que mucha gente?) Yo, amiga inseparable de la ironía, que le busco las cosquillas a todo comentario o frase habidos y por haber, que siempre pongo la puntillita, incluso cuando no hay dónde ponerla. Yo, que logro formar juegos de palabras uno tras otro, quizás con o sin gracia más bien, pero que en algunos casos ya aparecen como sin querer. Yo, que digo tantos pegos que a veces pienso que debería escucharme y pararme algo más a pensar lo que va a salir por esta boca. Yo, que debo sacar el cartelito de “sarcasmo” a menudo. La que escribe, cuyo humor es a veces incomprendido, aun a veces hasta por ella misma. Mi cabeza, hervidero de mil cosas. Yo, que doy mil vueltas a las cosas, que me gusta ver más allá de donde mis ojos logran discernir. Yo, que no puedo tener una actitud pensante pasiva ante casi nada. A mí, a la que cuando los problemas de los de mi alrededor me llaman, no puede quedarse tranquila. Yo, la que toma, o lo intenta casi siempre, una actitud desenfadada ante la vida, pero que no puede dejar pasar un día sin pensar o reflexionar acerca de tantas cosas… Yo, a la que quizás las ganas de contestar tantos porqués le han llevado por donde ahora camina. Yo, para quien un programa de televisión, una noticia en el periódico, una novela (un buen libro, no esas de Rodolfo Ernesto y María Claudia Jimena de las Nieves…) o una película no son sólo eso, sino que siempre hay algo más. Por eso, sobre todo cuando leo un libro o veo una película (las dos primeras son algo menos frecuentes, la primera casi inexistente, por no quitar el casi…), que me guste o me deje de gustar, aparte de la trama (que me enganche desde el principio siempre me gusta), claro está, depende del trasfondo de la historia que narran, de esos aspectos que quizás yo veo reflejados en lo que nos cuentan de una forma, tú lo ves de otra y él o ella a lo mejor los pasan por alto. Y aún viendo lo mismo, cada cual lo reflexionamos de alguna u otra forma.
Así, por ejemplo, cuando vi hace unas semanas la película Gamer, mi cerebro pasó un poco de la acción y el exceso de sangre, para reparar ese tema social que tan latente se dejaba entrever bajo la máscara de un tío cargándose gente, hablando claro. Sí, era algo fantástico, personas que controlan a otras mediante unos chips insertados en su cerebro, teniendo el control de todos sus movimientos; vemos reflejado un caso extremo de obsesión por un videojuego, llegando a matar a personas reales, sin ninguna piedad ni rastro de sentir nada, con toda la sangre fría del mundo, y personas que venden su personalidad, su libertad de habla y de actuación por dinero, gente viciosa sin control… Tristemente, es tan cierto el deterioro de la moral humana en esta sociedad consumista, que quizás dentro de un tiempo esto no se distinga tanto de la realidad. Por nuestro bien, espero que los avances en la ciencia que suponen tantos premios Nobel y reconocimientos internacionales, nunca se usen para unos fines tan… ya sabemos que pasó con la bomba atómica… La culpa a los físicos, por investigar sobre reacciones nucleares y descubrirla…
Pero bueno, ahora pasando a otra película con Gerald Butler como protagonista, pues llego a La Cruda Realidad, la cual vi este último fin de semana. Imagino que muchas de las personas que vean anunciarla, oigan algo o incluso la vean, la catalogarán como una típica comedia romántica. Y lo es, pero no lo es del todo. No voy a entrar en gustos cinematográficos, cada cual que vea lo que le guste; si nos gustara a todos lo mismo, se arruinarían los de Distrito 9 o los de Fast and Furious, por poner un par de ejemplos. A mí pues me gustó, es muy divertida y tiene unos puntos buenos; y al caso al que voy es a que trata ciertos temas que me han hecho pensar algunas cosas. Así, como en la vida misma, una persona que intenta ser y aparentar lo que no es, es obvio que no le saldrán bien las cosas. El primer paso es aceptarnos tal y como somos. Dicen que si no te quieres tú, ¿quién te va a querer? Y ya que llegamos a ese punto, si queremos que nos quieran los demás, pues que lo hagan porque de verdad nos aprecian y aceptan tal cual seamos, no porque, para “tener contenta” a la gente, dejes de lado tus costumbres, manías o formas de hablar o actuar. Por un lado, tengo a mi padre. A él le da igual que haya quien haya, él es como es, y lo que piense lo suelta. Si se le ocurre hablar de temas de los que le gustan a él, le va a dar igual que estés comiendo, de boda o que haya gente desconocida, él no se corta. Y bravo por él. Por otra parte, conocí a una persona que, tras cambiar tres veces de novio, pasó de ser agnóstica, a ser súper atea, rebelde y contraria a todo, y de ahí a terminar (de lo último que supe) siendo católica conformista… en fin… Viva la personalidad…
Personalmente, yo nunca me he considerado una persona desagradable como compañía, pero considero que también tengo, como todos tenemos, mis manías y mis cosas que pueden llegar a desesperar y no gustar según a quién. Es normal; lo primero es que cada cual vemos las cosas de una forma distinta, y hay personalidades que chocan (o quizás no personalidades en sí, pero sí temas en concreto), y lo segundo es que es imposible caerle bien a todo el mundo. Así pues, si hagamos lo que hagamos, vamos a ser criticados por una u otra cosa, al menos comportémonos de forma natural, y no tendremos que andar con una máscara puesta, escondiéndonos siempre. Al final, como dice el refrán, se coge antes a un mentiroso que a un cojo, y va a ser peor el remedio que la enfermedad. Con la verdad siempre por delante, todo es más fácil, simple, y te ahorras muchos problemas y malentendidos.
Por lo tanto, yo lo tengo claro: la gente que me quiere de verdad, lo hace habiéndome conocido y visto tal y como soy; con mis locuras, mis risas, mis tonterías, mis defectos. Sí, algunas veces chocaremos, no se puede estar siempre de acuerdo en todo con todo el mundo, pero para eso se supone que debemos saber ser lo suficientemente tolerantes y poder ponernos en la piel del otro, dando nuestro brazo a torcer si hace falta, aunque nos cueste. Y bueno, al que no le guste, que no mire (hoy estoy refranera, parece). Y esta frase, pues también me sirve para enlazar con el hecho de que, así como no debemos modular nuestro comportamiento en función de la situación, nuestra condición en el terreno del físico debería ser tres cuartos de lo mismo. He de admitir que soy la primera que no se gusta a sí misma, lo siento, es así. Pero, hemos de admitir todos que siempre hay algo propio que no nos gusta. Si no es así, o te lo tienes muy creído (de la ilusión también se vive, dicen) o eres perfecto, así que enhorabuena y habla seriamente con el primero que dijo que la perfección no existe… Como es normal, siento que me sobra de allí y me falta de allá (todos los Dioses de cualquier religión dicen que son todopoderoson, pero se ve que eso de a todos por igual no les entraba en la cabeza al que sea), pero, quitando momentos puntuales, es algo secundario en mi vida. Lo importante es que soy feliz, porque tengo la suerte en esta vida de tener eso que sin lo cual, nada nos separaría de nuestros amigos los animales (más animales, me refiero… aunque depende de con quien comparemos, pero bueno…), esas personas que no ven esos defectos que tú sí, o si los ven, no les importa.
Iba a comentar algo sobre la persona con menos autoestima de la que he tenido conocimiento a lo largo de mi vida, menos que muchísimas personas que sí sería comprensible que lo tuvieran, desmesuradamente racista también, que murió hace poco, pero bueno, bastante tuvo con autodestruirse y pasar de ser lo más grande, a nada (el exceso de dinero a veces lleva a lo que lleva, a hacer muchas tonterías…), y además ya me está saliendo esto bastante largo. Eso sí, nunca entenderé muchas cosas, pero así es la cruda realidad; si lo entendiese todo, sería demasiado aburrida e inútil la existencia de mis neuronas, yo que no las dejo descansar…
Como decía, por suerte la vida me ha dado el privilegio de poder sentir el cariño, el afecto y el amor de ciertas personas. Por nada cambiaría tantas cosas que ni puedo explicar…
>>> “Siento que he encontrado algo que nunca tuve y que siempre anhelé, y me siento muy afortunada por ello. Hace ocho meses mi mente quizás se dio cuenta de algo que mi corazón tardaría algo más en comprender, pero que estaba ahí; y hoy por hoy, le da a mi vida el sentido que siempre buscó… Nunca mi corazón encontró esta calma… Es feliz por tenerte, y yo por llevarte en él…” <<<
Yo, que intento, como dice una profesora de la facultad, luchar contra esa idea de que la gente de ciencias y las letras no nos llevamos bien… (¿No nos vamos a llevar bien si hasta sabemos de griego más que mucha gente?) Yo, amiga inseparable de la ironía, que le busco las cosquillas a todo comentario o frase habidos y por haber, que siempre pongo la puntillita, incluso cuando no hay dónde ponerla. Yo, que logro formar juegos de palabras uno tras otro, quizás con o sin gracia más bien, pero que en algunos casos ya aparecen como sin querer. Yo, que digo tantos pegos que a veces pienso que debería escucharme y pararme algo más a pensar lo que va a salir por esta boca. Yo, que debo sacar el cartelito de “sarcasmo” a menudo. La que escribe, cuyo humor es a veces incomprendido, aun a veces hasta por ella misma. Mi cabeza, hervidero de mil cosas. Yo, que doy mil vueltas a las cosas, que me gusta ver más allá de donde mis ojos logran discernir. Yo, que no puedo tener una actitud pensante pasiva ante casi nada. A mí, a la que cuando los problemas de los de mi alrededor me llaman, no puede quedarse tranquila. Yo, la que toma, o lo intenta casi siempre, una actitud desenfadada ante la vida, pero que no puede dejar pasar un día sin pensar o reflexionar acerca de tantas cosas… Yo, a la que quizás las ganas de contestar tantos porqués le han llevado por donde ahora camina. Yo, para quien un programa de televisión, una noticia en el periódico, una novela (un buen libro, no esas de Rodolfo Ernesto y María Claudia Jimena de las Nieves…) o una película no son sólo eso, sino que siempre hay algo más. Por eso, sobre todo cuando leo un libro o veo una película (las dos primeras son algo menos frecuentes, la primera casi inexistente, por no quitar el casi…), que me guste o me deje de gustar, aparte de la trama (que me enganche desde el principio siempre me gusta), claro está, depende del trasfondo de la historia que narran, de esos aspectos que quizás yo veo reflejados en lo que nos cuentan de una forma, tú lo ves de otra y él o ella a lo mejor los pasan por alto. Y aún viendo lo mismo, cada cual lo reflexionamos de alguna u otra forma.
Así, por ejemplo, cuando vi hace unas semanas la película Gamer, mi cerebro pasó un poco de la acción y el exceso de sangre, para reparar ese tema social que tan latente se dejaba entrever bajo la máscara de un tío cargándose gente, hablando claro. Sí, era algo fantástico, personas que controlan a otras mediante unos chips insertados en su cerebro, teniendo el control de todos sus movimientos; vemos reflejado un caso extremo de obsesión por un videojuego, llegando a matar a personas reales, sin ninguna piedad ni rastro de sentir nada, con toda la sangre fría del mundo, y personas que venden su personalidad, su libertad de habla y de actuación por dinero, gente viciosa sin control… Tristemente, es tan cierto el deterioro de la moral humana en esta sociedad consumista, que quizás dentro de un tiempo esto no se distinga tanto de la realidad. Por nuestro bien, espero que los avances en la ciencia que suponen tantos premios Nobel y reconocimientos internacionales, nunca se usen para unos fines tan… ya sabemos que pasó con la bomba atómica… La culpa a los físicos, por investigar sobre reacciones nucleares y descubrirla…
Pero bueno, ahora pasando a otra película con Gerald Butler como protagonista, pues llego a La Cruda Realidad, la cual vi este último fin de semana. Imagino que muchas de las personas que vean anunciarla, oigan algo o incluso la vean, la catalogarán como una típica comedia romántica. Y lo es, pero no lo es del todo. No voy a entrar en gustos cinematográficos, cada cual que vea lo que le guste; si nos gustara a todos lo mismo, se arruinarían los de Distrito 9 o los de Fast and Furious, por poner un par de ejemplos. A mí pues me gustó, es muy divertida y tiene unos puntos buenos; y al caso al que voy es a que trata ciertos temas que me han hecho pensar algunas cosas. Así, como en la vida misma, una persona que intenta ser y aparentar lo que no es, es obvio que no le saldrán bien las cosas. El primer paso es aceptarnos tal y como somos. Dicen que si no te quieres tú, ¿quién te va a querer? Y ya que llegamos a ese punto, si queremos que nos quieran los demás, pues que lo hagan porque de verdad nos aprecian y aceptan tal cual seamos, no porque, para “tener contenta” a la gente, dejes de lado tus costumbres, manías o formas de hablar o actuar. Por un lado, tengo a mi padre. A él le da igual que haya quien haya, él es como es, y lo que piense lo suelta. Si se le ocurre hablar de temas de los que le gustan a él, le va a dar igual que estés comiendo, de boda o que haya gente desconocida, él no se corta. Y bravo por él. Por otra parte, conocí a una persona que, tras cambiar tres veces de novio, pasó de ser agnóstica, a ser súper atea, rebelde y contraria a todo, y de ahí a terminar (de lo último que supe) siendo católica conformista… en fin… Viva la personalidad…
Personalmente, yo nunca me he considerado una persona desagradable como compañía, pero considero que también tengo, como todos tenemos, mis manías y mis cosas que pueden llegar a desesperar y no gustar según a quién. Es normal; lo primero es que cada cual vemos las cosas de una forma distinta, y hay personalidades que chocan (o quizás no personalidades en sí, pero sí temas en concreto), y lo segundo es que es imposible caerle bien a todo el mundo. Así pues, si hagamos lo que hagamos, vamos a ser criticados por una u otra cosa, al menos comportémonos de forma natural, y no tendremos que andar con una máscara puesta, escondiéndonos siempre. Al final, como dice el refrán, se coge antes a un mentiroso que a un cojo, y va a ser peor el remedio que la enfermedad. Con la verdad siempre por delante, todo es más fácil, simple, y te ahorras muchos problemas y malentendidos.
Por lo tanto, yo lo tengo claro: la gente que me quiere de verdad, lo hace habiéndome conocido y visto tal y como soy; con mis locuras, mis risas, mis tonterías, mis defectos. Sí, algunas veces chocaremos, no se puede estar siempre de acuerdo en todo con todo el mundo, pero para eso se supone que debemos saber ser lo suficientemente tolerantes y poder ponernos en la piel del otro, dando nuestro brazo a torcer si hace falta, aunque nos cueste. Y bueno, al que no le guste, que no mire (hoy estoy refranera, parece). Y esta frase, pues también me sirve para enlazar con el hecho de que, así como no debemos modular nuestro comportamiento en función de la situación, nuestra condición en el terreno del físico debería ser tres cuartos de lo mismo. He de admitir que soy la primera que no se gusta a sí misma, lo siento, es así. Pero, hemos de admitir todos que siempre hay algo propio que no nos gusta. Si no es así, o te lo tienes muy creído (de la ilusión también se vive, dicen) o eres perfecto, así que enhorabuena y habla seriamente con el primero que dijo que la perfección no existe… Como es normal, siento que me sobra de allí y me falta de allá (todos los Dioses de cualquier religión dicen que son todopoderoson, pero se ve que eso de a todos por igual no les entraba en la cabeza al que sea), pero, quitando momentos puntuales, es algo secundario en mi vida. Lo importante es que soy feliz, porque tengo la suerte en esta vida de tener eso que sin lo cual, nada nos separaría de nuestros amigos los animales (más animales, me refiero… aunque depende de con quien comparemos, pero bueno…), esas personas que no ven esos defectos que tú sí, o si los ven, no les importa.
Iba a comentar algo sobre la persona con menos autoestima de la que he tenido conocimiento a lo largo de mi vida, menos que muchísimas personas que sí sería comprensible que lo tuvieran, desmesuradamente racista también, que murió hace poco, pero bueno, bastante tuvo con autodestruirse y pasar de ser lo más grande, a nada (el exceso de dinero a veces lleva a lo que lleva, a hacer muchas tonterías…), y además ya me está saliendo esto bastante largo. Eso sí, nunca entenderé muchas cosas, pero así es la cruda realidad; si lo entendiese todo, sería demasiado aburrida e inútil la existencia de mis neuronas, yo que no las dejo descansar…
Como decía, por suerte la vida me ha dado el privilegio de poder sentir el cariño, el afecto y el amor de ciertas personas. Por nada cambiaría tantas cosas que ni puedo explicar…
Por hoy, creo que basta. Después de un mes, lo sé, pero es que no encuentro tiempo para escribir; muchas cosas se me quedan en el tintero; quizás pegos, quizás canciones, quizás palabras que quieren hablarte, que quizás por vergüenza no salen con facilidad, o que no escribo por no encontrar las palabras para ello… Otro día más. Tarde o temprano, siempre vuelvo. Os quiero, gente.
>>> “Siento que he encontrado algo que nunca tuve y que siempre anhelé, y me siento muy afortunada por ello. Hace ocho meses mi mente quizás se dio cuenta de algo que mi corazón tardaría algo más en comprender, pero que estaba ahí; y hoy por hoy, le da a mi vida el sentido que siempre buscó… Nunca mi corazón encontró esta calma… Es feliz por tenerte, y yo por llevarte en él…” <<<
La verdad no sé muy bien como empezar a escribir lo que quiero expresar. Supongo que nunca tengo muy claro el cómo hacerlo, y por eso, en mi última entrada empezaba hablando de algo que me sirvió para introducir a lo que quería llegar, dejando quizás cosas a medias. Comencé hablando de cómo esas elecciones que llevamos a cabo en nuestra vida nos llevan a tratar con unas u otras personas.
Reconozco que he cambiado mucho en estos últimos tres o cuatro años; mi antiguo yo era mucho más tímido que el actual, y la verdad era muy reacia a las nuevas situaciones con gente que no conocía; pero imagino que la vida, irremediablemente, te lleva a situaciones de ese tipo, y la verdad supe desenvolverme creo que no muy mal; claro que el sentir que conectas con las personas, ayuda mucho.
Recuerdo ese mediados de septiembre de aquel dos mil seis, a unos días de comenzar las clases de mi primer año en la universidad, expectante, con las ideas no muy claras acerca de qué me iba a encontrar en esa nueva etapa de mi vida. También quizás sin llegar del todo a asimilar lo que aquello conllevaba. Y esas preguntas de qué iba a estudiar por parte de familiares y conocidos, y esas caras raras al escuchar mi respuesta… La típica de “¿educación física?” o la de “física y química, ¿no?” y la obligada duda de “y eso qué es”…
Ese primer día de presentación en el aulario (más tarde conocido como “aulalario” o “aulatorio”…), que se ve que no tenían muy claro donde meternos a “los raritos de física”, y a media clase nos mandaron para un lado y a la otra media para el otro… Y esa misma tarde, empezaron las clases. Algunos profesores con menos ganas que otros, ese primer descanso hasta que llegara la clase y el profesor siguiente, esa primera visita a la cafetería todos, esas primeras presentaciones y nombres que aprender. Y bueno, esos descubrimientos de personas conocidas en común…
Con el tiempo, parece que nunca han existido esos primeros días, y esos descansos en clase te van haciendo coger más trato y cariño con esas personas, sobre todo con las que parece que as congeniado mejor. Eso sí, aprendimos que lo de soltar “¿Esto que mierda es?” en mitad de la clase de un profesor que puede ser de todo menos simpático y bueno explicando, no era una buena idea… Y así, de quedar el primer curso por navidad o si acaso a final de curso casi toda la clase, el segundo pasamos a quedar bastante más, incluidas salidas de pubs y barbacoas varias. En feria incluso salimos juntos gente de mi clase y amigos de fuera, que hoy en día no tienen distinción, y aquello creo que fue el comienzo de un verano mucho más juntos y un tercero de carrera donde vernos en clase se sucedía con quedar los fines de semana y luego vernos las caras el siguiente lunes.
Así, hoy son para mí unas personas muy importantes, y bueno, a partir de ellos, otras personas que he conocido a raíz de, como ya algo comenté en la entrada anterior.
Y centrándome en ti, que hoy es el vigésimo primer aniversario de tu nacimiento, pues puedo decir muchas cosas. Puedo decir que pocas personas se han portado tan bien conmigo, incluso conociéndome más, como lo has hecho tú; y puedo y quiero de nuevo agradecerte de corazón como me ayudaste y estuviste ahí cuando no lo estaba pasando muy bien que digamos. Supiste darme tus palabras de ánimo y tu amistad, algo que siempre valoraré enormemente. Y quitando eso, pues eres una gran persona y un gran amigo y, como no, compañero de clase (tanto en España como fuera en el extranjero, tanto de Universidad como de idiomas, da igual, si está visto que así está escrito…). Nunca olvidaré esos momentos en clase, esos paseos al aulario, ver vuestras peleas con los periódicos, o tirártelo por las escaleras, esas visitas relámpago a la cafetería, los almuerzos en Rabanales, las partidas de cartas, corriendo al tren el día del examen en la escuela de idiomas, esos chismes, cómo me preparásteis todo aquello de mi último cumpleaños, las confidencias, las mil y una anécdotas en Dublín… Este último curso, como alguna vez comentábamos, nos veíamos más que a nuestras madres respectivas… Pero la verdad, me siento muy agusto contigo y no pongo pegas. Y sí, algunas veces más de acuerdo en algunas cosas que otras, pero igualmente yo te aprecio mucho tal y como eres, eres una persona que vale mucho (y no quiero ser pelota, lo sabes).
Como he comentado alguna vez, yo siempre he sido de tener más amigas que amigos. Las cuestiones y los entresijos de la vida me han llevado últimamente a tener más amigos que amigas. Mi forma de ver las cosas no me llevaba a pensar lo similar e incluso a veces mejor que sería el cambio. Y bueno, parte de eso te lo debo a ti.
Así que, como no te mereces menos, quería dedicarte la entrada de hoy de mi blog, que ya tocaba. Y ya ves como (y por ello no deberías desanimarte, que estás en los mejores años de la vida) has llegado a los veintiuno, y llegarán los veintidós, los veintitrés y los ciento tres si hacen falta. Eso sí, espero que nos queden muchos momentos que vivir juntos y liándola con esa gente que queremos y bueno, pues pasándolo bien, como ha de ser, compartiendo anécdotas, fotos, y los viajes que hagan falta (eso sí, no con Ryanair). Y también espero que, cuando toque que nuestros caminos se separen un poco, que siempre podamos encontrar esos huecos para hablar, vernos y compartir esas locuras que, como buenos físicos locos, serán un continuo en nuestras vidas.
Me alegro mucho de haber coincidido contigo en esta vida. Te deseo todo lo mejor en tu vida, tanto profesional como personalmente, de corazón, y poder, al menos en parte, poder celebrarlo contigo. Eso sí, Mamen, desde el cariño de una amiga siempre, que conste en acta. Te quiero y aprecio mucho, Alberto. Muchas felicidades, “again”. Un beso.
>>> “Science and progress… They will never speak as loud as our heart…” <<<
Reconozco que he cambiado mucho en estos últimos tres o cuatro años; mi antiguo yo era mucho más tímido que el actual, y la verdad era muy reacia a las nuevas situaciones con gente que no conocía; pero imagino que la vida, irremediablemente, te lleva a situaciones de ese tipo, y la verdad supe desenvolverme creo que no muy mal; claro que el sentir que conectas con las personas, ayuda mucho.
Recuerdo ese mediados de septiembre de aquel dos mil seis, a unos días de comenzar las clases de mi primer año en la universidad, expectante, con las ideas no muy claras acerca de qué me iba a encontrar en esa nueva etapa de mi vida. También quizás sin llegar del todo a asimilar lo que aquello conllevaba. Y esas preguntas de qué iba a estudiar por parte de familiares y conocidos, y esas caras raras al escuchar mi respuesta… La típica de “¿educación física?” o la de “física y química, ¿no?” y la obligada duda de “y eso qué es”…
Ese primer día de presentación en el aulario (más tarde conocido como “aulalario” o “aulatorio”…), que se ve que no tenían muy claro donde meternos a “los raritos de física”, y a media clase nos mandaron para un lado y a la otra media para el otro… Y esa misma tarde, empezaron las clases. Algunos profesores con menos ganas que otros, ese primer descanso hasta que llegara la clase y el profesor siguiente, esa primera visita a la cafetería todos, esas primeras presentaciones y nombres que aprender. Y bueno, esos descubrimientos de personas conocidas en común…
Con el tiempo, parece que nunca han existido esos primeros días, y esos descansos en clase te van haciendo coger más trato y cariño con esas personas, sobre todo con las que parece que as congeniado mejor. Eso sí, aprendimos que lo de soltar “¿Esto que mierda es?” en mitad de la clase de un profesor que puede ser de todo menos simpático y bueno explicando, no era una buena idea… Y así, de quedar el primer curso por navidad o si acaso a final de curso casi toda la clase, el segundo pasamos a quedar bastante más, incluidas salidas de pubs y barbacoas varias. En feria incluso salimos juntos gente de mi clase y amigos de fuera, que hoy en día no tienen distinción, y aquello creo que fue el comienzo de un verano mucho más juntos y un tercero de carrera donde vernos en clase se sucedía con quedar los fines de semana y luego vernos las caras el siguiente lunes.
Así, hoy son para mí unas personas muy importantes, y bueno, a partir de ellos, otras personas que he conocido a raíz de, como ya algo comenté en la entrada anterior.
Y centrándome en ti, que hoy es el vigésimo primer aniversario de tu nacimiento, pues puedo decir muchas cosas. Puedo decir que pocas personas se han portado tan bien conmigo, incluso conociéndome más, como lo has hecho tú; y puedo y quiero de nuevo agradecerte de corazón como me ayudaste y estuviste ahí cuando no lo estaba pasando muy bien que digamos. Supiste darme tus palabras de ánimo y tu amistad, algo que siempre valoraré enormemente. Y quitando eso, pues eres una gran persona y un gran amigo y, como no, compañero de clase (tanto en España como fuera en el extranjero, tanto de Universidad como de idiomas, da igual, si está visto que así está escrito…). Nunca olvidaré esos momentos en clase, esos paseos al aulario, ver vuestras peleas con los periódicos, o tirártelo por las escaleras, esas visitas relámpago a la cafetería, los almuerzos en Rabanales, las partidas de cartas, corriendo al tren el día del examen en la escuela de idiomas, esos chismes, cómo me preparásteis todo aquello de mi último cumpleaños, las confidencias, las mil y una anécdotas en Dublín… Este último curso, como alguna vez comentábamos, nos veíamos más que a nuestras madres respectivas… Pero la verdad, me siento muy agusto contigo y no pongo pegas. Y sí, algunas veces más de acuerdo en algunas cosas que otras, pero igualmente yo te aprecio mucho tal y como eres, eres una persona que vale mucho (y no quiero ser pelota, lo sabes).
Como he comentado alguna vez, yo siempre he sido de tener más amigas que amigos. Las cuestiones y los entresijos de la vida me han llevado últimamente a tener más amigos que amigas. Mi forma de ver las cosas no me llevaba a pensar lo similar e incluso a veces mejor que sería el cambio. Y bueno, parte de eso te lo debo a ti.
Así que, como no te mereces menos, quería dedicarte la entrada de hoy de mi blog, que ya tocaba. Y ya ves como (y por ello no deberías desanimarte, que estás en los mejores años de la vida) has llegado a los veintiuno, y llegarán los veintidós, los veintitrés y los ciento tres si hacen falta. Eso sí, espero que nos queden muchos momentos que vivir juntos y liándola con esa gente que queremos y bueno, pues pasándolo bien, como ha de ser, compartiendo anécdotas, fotos, y los viajes que hagan falta (eso sí, no con Ryanair). Y también espero que, cuando toque que nuestros caminos se separen un poco, que siempre podamos encontrar esos huecos para hablar, vernos y compartir esas locuras que, como buenos físicos locos, serán un continuo en nuestras vidas.
Me alegro mucho de haber coincidido contigo en esta vida. Te deseo todo lo mejor en tu vida, tanto profesional como personalmente, de corazón, y poder, al menos en parte, poder celebrarlo contigo. Eso sí, Mamen, desde el cariño de una amiga siempre, que conste en acta. Te quiero y aprecio mucho, Alberto. Muchas felicidades, “again”. Un beso.
>>> “Science and progress… They will never speak as loud as our heart…” <<<
Nacemos en un determinado lugar del mundo, en un determinado momento de la historia de la existencia, dado por cuándo y dónde se han conocido y enamorado esas dos personas, tus padres, esas que te convierten en el fruto de su amor. Crecemos y somos educados de una u otra forma, con más o menos recursos económicos y, lo que es más importante, con más o menos cariño. Y poco a poco, vamos aprendiendo las lecciones del colegio, sí, pero sobre todo vamos aprendiendo las lecciones de la vida. Dependiendo de esa educación que hayas tenido por parte de tus padres, familia y colegio, decides aprovechar o desaprovechar el regalo más grande que te dieron tus progenitores, la vida.
Y la vida es un camino de rosas; con su belleza, sí, porque son unas flores preciosas, pero que genéticamente están llenas de espinas, e inevitablemente acabas pinchándote con ellas a lo largo del camino. Pero sabes que, en realidad, merece la pena luchar por muchas cosas, hay razones de sobra, aunque a veces se te olvide. Y, quién sabe por qué, acabas en una carrera universitaria, convirtiéndote en la pionera en tu familia y, aunque al principio no te des cuenta, con una gran responsabilidad en lo alto. Y quizás eres algo masoquista, pero te gusta lo difícil, y no entras en esta ni en esa carrera, sino en aquella. Te gusta, no sabes por qué exactamente, pero quieres intentarlo, aunque cueste, pues dicen que lo que uno quiere, algo le cuesta. Y al igual que tú, otras tantas personas, con otras vidas distintas, otra forma de pensar, otra mentalidad, pues coinciden contigo en tal gusto, lo que las lleva a meterse en aquella misma carrera. Y al principio entras allí, sin conocer a nadie, algo reacia a esa nueva situación en tu vida; pero con el tiempo, conoces más a esas personas, y sobre todo pues, como pasa en todos sitios, congenias sobre todo con algunas de ellas. Y de verse en clase, o quizás en alguna comida o cena de la clase, pasas a verlos todos los fines de semana; y a partir de esas personas, vas conociendo a otras que ellas conocen, y tú presentas a otras que conoces. Y entonces, conoces a muchas personas con las que compartir muchas cosas y con las que pasarlo bien.
Y si te paras a pensar, te preguntas qué hubiera pasado de entrar a esa o a esta otra carrera. Pero ya qué importa, pues tu vida transcurre así, de ese modo, y para nada tienes queja. Es cierto que, por el camino, has perdido a personas que te importaban, y has conocido a algunas que estuvieron a tu lado un tiempo y luego marcharon por otro camino; pero no miras atrás, ni hacia delante, miras a tu lado, y ahí los ves, contigo. Y te sientes bien, a gusto, feliz. Y no te preocupas acerca de algo más allá de la amistad. Ese tema te ha traído problemas, sobre todo cuando se han visto implicadas terceras personas, y pasas un poco de todo aquello que empiezas a ver lejano.
Y entonces, de nuevo, alguien que conoces a partir de alguien que conoces, te permite conocer a otra persona más. Y te cae bien, y la primera noche de conocer a esa persona hablas con ella sobre un poco de todo. Por casualidades de la vida, un plan alternativo había acabado antes de tiempo y allí acabas conociéndola.
No quiero pensar que existe en los caminos el destino, pero cada paso, cada decisión te conduce a una nueva oportunidad. Y empiezas a hablar mucho con esa persona que acabas de conocer. Encuentras puntos en común, temas de los que hablar, algo que contar y te lo pasas bien y te ríes a su lado. Esa persona también parece ser que se siente a gusto a tu lado. En poco tiempo te das cuenta que ha pasado a formar parte de esa gente que veías al mirar a tu lado, y al pensarlo sonríes. Te sonríes cuando te empiezas a dar cuenta de que va pasando a mayor grado esa confianza, y también te sonríes cuando alguien que comparte lazos sanguíneos contigo y que te conoce muy bien te insinúa cosas que quizás, tú te niegas a ver. Aún caminas por el mismo sendero un tiempo más, compartiendo muchos más momentos y ratos y ratos de charla, quizás a veces con ningún tema en concreto, pero sabes que te gusta hacerlo.
Y llega un momento en que quieres contárselo a alguien, quieres pedir consejo, o simplemente desahogarte; pero te muerdes la lengua, tu misma forma de ser te autoinhibe a hacerlo, y callas intentando convencerte a ti misma de lo que sientes. Y tras unos meses, resulta que te vas de viaje al extranjero con dos amigos, y empiezas a pasar las veinticuatro horas del día al lado de, en concreto, esa persona. Sientes que la cosa va bien, a su debido tiempo, sin que nadie diga nada, y puede que sin que vean reflejado en tus ojos lo que supuestamente se ve. Empiezas a dejarte llevar más por lo que sientes, poco a poco, reflejando lo que intentabas ocultar, hasta que llega el momento en el que te sientes segura de compartirlo con la otra persona. Por suerte, las piezas encajan, y le das gracias a la vida por permitirte ese regalo. Y esa noche no duermes pensando en lo afortunada que eres al haber conseguido lo que anhelabas.
Es entonces cuando piensas que muchas cosas que te sucedieron en el pasado, te sirvieron para aprender, para crecer como persona; te alegras por ello, por tantas cosas que forman un cúmulo en tu mente y en tu corazón. Piensas en todas las personas que quieres, y le deseas que también puedan conseguir lo anhelado en su vida, pues se lo merecen. Y es que podemos tener muchas cosas, mucho dinero, éxito en el trabajo, una carrera perfecta o una mente perfecta, pero el cariño y el amor en el corazón es lo de que verdad nos permite tener una vida plena. Os deseo de corazón que así sea para todos vosotros.
Yo nunca pensé que fuera a estar deseando que un semáforo estuviera en rojo, que hubiera tantas formas de decir tantas cosas, que la compañía de ciertos camiones tuviera un motivo, que hacerte cosquillas fuese tan divertido, que fuera a escuchar tantas veces una palabra en un día, que ver las estrellas fuese tan especial, que las horas pasaran tan volando o que mi risa fuese a llamar la atención de forma positiva…
Y es que sientes que lo más bonito de los sueños es que son las únicas mentiras que pueden dejar de serlo… Gracias por ser mi sueño cumplido. Caminemos juntos por el sendero de la vida. Te quiero, J.
>>> “Pero tú llegaste a mi vida como una luz y haciéndome sentir viva otra vez… (8)” <<<
Y la vida es un camino de rosas; con su belleza, sí, porque son unas flores preciosas, pero que genéticamente están llenas de espinas, e inevitablemente acabas pinchándote con ellas a lo largo del camino. Pero sabes que, en realidad, merece la pena luchar por muchas cosas, hay razones de sobra, aunque a veces se te olvide. Y, quién sabe por qué, acabas en una carrera universitaria, convirtiéndote en la pionera en tu familia y, aunque al principio no te des cuenta, con una gran responsabilidad en lo alto. Y quizás eres algo masoquista, pero te gusta lo difícil, y no entras en esta ni en esa carrera, sino en aquella. Te gusta, no sabes por qué exactamente, pero quieres intentarlo, aunque cueste, pues dicen que lo que uno quiere, algo le cuesta. Y al igual que tú, otras tantas personas, con otras vidas distintas, otra forma de pensar, otra mentalidad, pues coinciden contigo en tal gusto, lo que las lleva a meterse en aquella misma carrera. Y al principio entras allí, sin conocer a nadie, algo reacia a esa nueva situación en tu vida; pero con el tiempo, conoces más a esas personas, y sobre todo pues, como pasa en todos sitios, congenias sobre todo con algunas de ellas. Y de verse en clase, o quizás en alguna comida o cena de la clase, pasas a verlos todos los fines de semana; y a partir de esas personas, vas conociendo a otras que ellas conocen, y tú presentas a otras que conoces. Y entonces, conoces a muchas personas con las que compartir muchas cosas y con las que pasarlo bien.
Y si te paras a pensar, te preguntas qué hubiera pasado de entrar a esa o a esta otra carrera. Pero ya qué importa, pues tu vida transcurre así, de ese modo, y para nada tienes queja. Es cierto que, por el camino, has perdido a personas que te importaban, y has conocido a algunas que estuvieron a tu lado un tiempo y luego marcharon por otro camino; pero no miras atrás, ni hacia delante, miras a tu lado, y ahí los ves, contigo. Y te sientes bien, a gusto, feliz. Y no te preocupas acerca de algo más allá de la amistad. Ese tema te ha traído problemas, sobre todo cuando se han visto implicadas terceras personas, y pasas un poco de todo aquello que empiezas a ver lejano.
Y entonces, de nuevo, alguien que conoces a partir de alguien que conoces, te permite conocer a otra persona más. Y te cae bien, y la primera noche de conocer a esa persona hablas con ella sobre un poco de todo. Por casualidades de la vida, un plan alternativo había acabado antes de tiempo y allí acabas conociéndola.
No quiero pensar que existe en los caminos el destino, pero cada paso, cada decisión te conduce a una nueva oportunidad. Y empiezas a hablar mucho con esa persona que acabas de conocer. Encuentras puntos en común, temas de los que hablar, algo que contar y te lo pasas bien y te ríes a su lado. Esa persona también parece ser que se siente a gusto a tu lado. En poco tiempo te das cuenta que ha pasado a formar parte de esa gente que veías al mirar a tu lado, y al pensarlo sonríes. Te sonríes cuando te empiezas a dar cuenta de que va pasando a mayor grado esa confianza, y también te sonríes cuando alguien que comparte lazos sanguíneos contigo y que te conoce muy bien te insinúa cosas que quizás, tú te niegas a ver. Aún caminas por el mismo sendero un tiempo más, compartiendo muchos más momentos y ratos y ratos de charla, quizás a veces con ningún tema en concreto, pero sabes que te gusta hacerlo.
Y llega un momento en que quieres contárselo a alguien, quieres pedir consejo, o simplemente desahogarte; pero te muerdes la lengua, tu misma forma de ser te autoinhibe a hacerlo, y callas intentando convencerte a ti misma de lo que sientes. Y tras unos meses, resulta que te vas de viaje al extranjero con dos amigos, y empiezas a pasar las veinticuatro horas del día al lado de, en concreto, esa persona. Sientes que la cosa va bien, a su debido tiempo, sin que nadie diga nada, y puede que sin que vean reflejado en tus ojos lo que supuestamente se ve. Empiezas a dejarte llevar más por lo que sientes, poco a poco, reflejando lo que intentabas ocultar, hasta que llega el momento en el que te sientes segura de compartirlo con la otra persona. Por suerte, las piezas encajan, y le das gracias a la vida por permitirte ese regalo. Y esa noche no duermes pensando en lo afortunada que eres al haber conseguido lo que anhelabas.
Es entonces cuando piensas que muchas cosas que te sucedieron en el pasado, te sirvieron para aprender, para crecer como persona; te alegras por ello, por tantas cosas que forman un cúmulo en tu mente y en tu corazón. Piensas en todas las personas que quieres, y le deseas que también puedan conseguir lo anhelado en su vida, pues se lo merecen. Y es que podemos tener muchas cosas, mucho dinero, éxito en el trabajo, una carrera perfecta o una mente perfecta, pero el cariño y el amor en el corazón es lo de que verdad nos permite tener una vida plena. Os deseo de corazón que así sea para todos vosotros.
Yo nunca pensé que fuera a estar deseando que un semáforo estuviera en rojo, que hubiera tantas formas de decir tantas cosas, que la compañía de ciertos camiones tuviera un motivo, que hacerte cosquillas fuese tan divertido, que fuera a escuchar tantas veces una palabra en un día, que ver las estrellas fuese tan especial, que las horas pasaran tan volando o que mi risa fuese a llamar la atención de forma positiva…
Y es que sientes que lo más bonito de los sueños es que son las únicas mentiras que pueden dejar de serlo… Gracias por ser mi sueño cumplido. Caminemos juntos por el sendero de la vida. Te quiero, J.
>>> “Pero tú llegaste a mi vida como una luz y haciéndome sentir viva otra vez… (8)” <<<
Dicen que hay sitios que te marcan para el resto de tu vida. Viajes que haces y que significan un antes y un después en tus días. Y también dicen que las cosas que parecen no salir como quieres, siempre acaban por traerte algo mejor incluso que lo que creías haber perdido. Después de muchos contratiempos, el destino fue Dublín. En un principio, habríamos ido a Bray o a Brighton y, para ser sincera, me alegro de que al final no fuéramos allí. Dublín es una ciudad única. Tiene un encanto tan suyo y tan especial que puedes imaginar y que puedo describir, pero que sin vivirlo mis palabras pierden su fuerza. Yo he estado en Inglaterra y puedo decir que, sin duda, en general, la gente irlandesa es mucho más agradable y, no sé, de trato más ameno. Y bueno, los paisajes son maravillosos; te puedes quedar mirando un rato con la boca abierta, girar los trescientos sesenta grados y ver todo verde, ese color que define sin duda a este país. Eso sí, deberían regular un poco más el tiempo que los semáforos están verdes para los peatones, porque vaya carreras hay que meterse… Y bueno, eso sí, las cosas están caras (sobre todo cierto café, ¿no, Chema?), pero es un gran sitio para pasar estas tres semanitas, que al final se nos han hecho cortas y nos han quedado cosas por ver.
La aventura en sí empezó aquel 18 de Julio que ya parece tan lejano. En el tren ya sentados los tres en dos asientos, mientras el hombre de atrás, mi compañero de asiento, se espatarraba a su aire. Nada de especial tiene un viaje en cercanías al aeropuerto ni la facturación de maletas allí, si no fuera por el dichoso sobrepeso que a dos que yo me sé les trajo dolores de cabeza. Sin embargo, eso no iba a fastidiar el viaje, pero sí que fue tema de bromas durante todo el viaje, me confieso. Y bueno, en el detector de metales, no consiguieron averiguar qué era lo que llevaba Alberto que tanto pitaba; luego parece ser que una bolita de papel de aluminio del bocadillo metida en el bolsillo pudo tener algo que ver.
Ya en Dublín, Heber nos recogió (tarde, pero lo hizo) y nos llevó a nuestro apartamento, que compartiríamos con otros tantos estudiantes. Empezamos a ver los volantes de los coches a la derecha y el conducir por la izquierda, algo a lo que creo que no llegamos a acostumbrarnos. Y al llegar a la casa, por suerte en algunos aspectos o por desgracia para otros, todos nuestros compañeros eran españoles. Uno de ellos de Cádiz; el resto, de Madrid. Como veríamos ya todas las noches, o al menos casi todas, tenían montada en la casa una fiesta con gente de fuera.
A la mañana siguiente, empezamos a hacer aquello que no dejamos de hacer en todo el tiempo que estuvimos allí: andar. El coche de San Fernando, gasolina gastó, fijo. El primer día fue “reconocimiento del terreno”; por la mañana fuimos a localizar la escuela, visitamos en parque Stephen Green y por la tarde fuimos con los compañeros de piso al museo de arte. Había cuadros de muchos pintores conocidos tanto españoles, como irlandeses y de toda Europa. Eso sí, lo mejor fue Alberto haciendo la rana como el que no quiere la cosa en mitad de la galería, nuestra interpretación de los cuadros a nuestra manera, o esos que parecían haber sido retocados con el PhotoShop. Ese día ya tuve que sentarme en la silla de la cocina que tenía las patas sueltas, y tiré el vaso de agua por toda la mesa… Pero no sería la última caída…
El lunes ya en la escuela, después del test y de coincidir allí con tres españoles, Mikel (¿o era árabe?), Jon y Maite, entramos en clase; Alberto y yo en la misma (para no variar… jajaja) y “Joseph Mary” (con cariño, pero tenía que ponerlo jejeje) en otra. Esa misma tarde fuimos de excursión con la escuela en un recorrido por el centro de la ciudad. Un detalle a comentar fue que, al irnos a montar en el autobús (cuando íbamos con la escuela sí que íbamos en transporte público), se ve que el conductor nos vio con cara de ser más pequeños, porque nos cobró con tarifa de niño :P. Visitamos los sitios más destacados del centro: el río Liffey y sus muchos puentes, el “Spire” (¿o era espaire?), Trinity College, Grafton Street, O’Connell, … Y Kevin, que nos hacía de guía, nos invitó a una Guinness. Yo que la cerveza de aquí no me va mucho y no la bebo, aquella ya… Aún cuando lo recuerdo siento en el paladar el sabor amargo que tenía. La verdad, para la gente que le guste la cerveza, pues le gustará (aunque se prefiera la de aquí), pero, por mí, que se la queden toda, yo me quedo con muchísimas cosas más de allí. Y bueno, algo que no es de allí pero que tampoco es de aquí es la expresión (que usaron los vascos, Mikel y Jon) de “apretarse el ojal”, que nos hizo gracia.
Durante esa semana hicimos de todo, nos cundió bastante. Vimos los Simpsons y Futurama en inglés, hicimos writing escribiendo, hablamos haciendo speaking, leimos un reading, escuchamos listening, visitamos un día el castillo por fuera, y al siguiente por dentro, jugaron al fútbol (y ya Alberto también participó en la final, y ganaron, con medalla y todo). Corrí detrás de palomas asustadizas, caminamos hasta el puerto el día que más llovía, vimos palomas casi zumbando (pero ciertos dos no las dejaron…), nos sentamos en un banco de 20 plazas, yendo con el paraguas casi me como unas ramas y pegué un grito que aún cierta mujer le retumbará en los tímpanos, atravesamos un charco enorme corriendo para que no nos salpicaran los coches, me cargué el paraguas y me compré al día siguiente uno por dos euros, utilicé por primera vez en mi vida un pela patatas (sí, me hizo ilusión… ), se quedaron sopa intentando ver una película, me dio la risa floja cuando íbamos a acostarnos, me “deleité” cada noche con las conversaciones de Alberto en sueños y Chema sufrió sus ataques físicos.
Estuvimos viendo (y haciendo fotos, por supuesto) por la iglesia St Patrick, la Christ Church y los alrededores; hicimos una pelea de almohadas, fuimos los tres casi al suelo y Alberto casi se mea encima de la risa, estuvimos en Temple Bar, tanto de día como de noche, disfrutando de la música en directo en los Pubs, algo que aquí en España, por desgracia, no se lleva. Ya el fin de semana estuvimos en el enorme Phoenix Park, pudimos conocer a “Dember” (Bender para el resto de personas), vimos “El Resplandor”, “Enemigo a las puertas”, y casi nos perdemos hasta llegar al parque Herbert.
En la segunda semana, Chema pudo hacer uno de sus sueños realidad, y en Croke Park tuvo la oportunidad de disfrutar del concierto de U2. Esa tarde, Alberto y yo estuvimos en Iveagh Gardens, la biblioteca nacional, que era impresionante pero no dejaban hacer fotos, y metimos “el gambón de nuestras vidas”, pues al ver en un edificio que era la facultad de los “physicians”, nos flipamos pensando que eso era lo que nosotros llegaremos a ser algún día; pero… días más tarde en clase pudimos despertar de nuestra ilusión y supimos la diferencia entre physician, médico, y Physicist, que sí es físico. Otras visitas de esa semana fueron al parque botánico, un bosque en realidad donde entablamos amistad con unas ardillas y un parque enorme con su monumento a Oscar Wilde, el museo de historia y arqueología. En esta semana fue el segundo percance con la silla rota; esta vez le tocó a Chema, que fue a levantarse y sintió como el punto de apoyo cedía, y llegó a dar con la rodilla en el suelo.
Este fin de semana fue más larguito, ya que el lunes era fiesta; de nuevo visitamos Temple Bar por la noche, y como visitas turísticas esos tres días fueron a Glendalough y toda la parte de los montes y los lagos de Wicklow, un sitio espectacular, impresionante, precioso. Sin duda, es el sitio más hermoso que he visto en mi vida, y quizás las fotos reflejen algo de su belleza, aunque sin verlo no sea lo mismo. El domingo estuvimos en Bray. Estuvimos en la playa, fuimos de senderismo por una montaña hasta el siguiente pueblo, Greystones, y desde allí regresamos a Dublín. Eso sí, siempre viendo los carteles en inglés y en “galeico" y sin poder olvidar que en el tren tenían “CCTV”. Ese día al llegar a casa vimos que la limpiadora había pasado por allí. Todo muy limpito, sí, pero nos había dejado sin patatas y sin paño. Y otra cosa, que teníamos la silla rota apartada para no caernos (again), y ella fue muy lista, la recompuso y allí la dejó en la mesa como si nada. ¿Qué pasó? Pues lo que tenía que pasar, que fui a sentarme a cenar, y una milésima de segundo después estaba “esturreá” por el suelo, y la mesa estaba en 7 u 8 pedazos… Me dio la risa floja al verme en el suelo allí tirá, y mientras Jose intentaba ayudarme a levantarme, Alberto decía “déjala, si se está riendo es que está bien”, y la verdad es que sí, es que estaba descojonándome. Fue muy bueno, la verdad. Un detalle importante fue que comenté que como ya nos habíamos casi caído nosotros dos, que ya le tocaba a Alberto la próxima; pero claro, como todo me tiene que pasar a mí, pues por hablar…
El lunes estuvimos de excursión con la escuela en Dalkey, donde unos montaron en cabras, vimos la casa del culo del Papa (Anno Santo), la de los Hobbits, y una castillo muy peculiar donde nos hicieron un espectáculo en plan con vestimentas y costumbres de la época. Nos explicaron porqué en Irlanda el gesto con los dedos que nosotros hacemos con el dedo corazón ellos lo hacen con el índice también, nos “deleitamos” viendo a un tío rascándose el ojete con una paleta de la cocina, y nos quedamos a cuadros cuando la actriz llamó “lord” y “man” a una mujer…
A la vuelta a Dublín nos llevamos un palo, porque queríamos entrar a terminar de ver la parte del museo de arqueología que nos había quedado, pero cerraba los lunes, y en la cena (como cada día, una anécdota) Alberto tuvo que liarla, para no variar. Puso en el horno tres pizzas pequeñas, y al querer sacarlas (usando para no quemarse el cojín de la silla, todo hay que decirlo…), inclinó la parrilla digamos que demasiado y, estábamos en la mesa y oímos un “ssshhhsss”; al asomarnos, vimos una de las pizzas, bocabajo estampada en el suelo y otra chorreando por la parrilla del horno. El caso es que se comió una entera, otra a medias y otra con la masa y lo que le quedó de tomate…
En esa última semana visitamos, por la cara, el museo de la Guinness, donde Chema se comía los granos tostados como pipas, donde la Cocacola no tenía ni gas, había unos asientos demasiado cómodos, nos hicimos una foto que luego nos enviamos por correo, escribimos una dedicatoria a la gente de Córdoba, nos enteramos de cómo empezó lo de los récords Guinness, y porqué el arpa como logotipo de la cerveza y el símbolo del país están al revés y disfrutamos en el Gravity Bar de unas estupendas vistas de toda la ciudad, donde, cómo no, para no hacer contraste con la ciudad en sí, los españoles abundaban. Ya el miércoles por la tarde estuvimos en Howth, donde caminamos bastante y disfrutamos de unas vistas en los acantilados que merecieron mucho la pena. Eso sí, dos personajes que no apreciaban mucho la vida se aventuraron a bajar a la playita al fondo de los acantilados y tuvieron que desistir por el riesgo que había. Las vistas eran preciosas y me encantó el sitio. No conseguimos ver las focas, pero bueno, el sitio es estupendo igualmente.
Perdimos el tren y, después de esperar casi media hora, nos montamos algo recelosos porque el nombre del destino no era muy concreto, pero después de pasar algo de miedo, sí que paró en nuestra parada. Por la noche, una patata resbaladiza hizo correr a Chema por toda la cocina, pero la cosa quedó ahí. Y bueno, poco más, porque quedaron los días de las compras y de pelearse con la maleta, algo que carece de emoción, salvo la preparación de las varias capas de ropa que unos más que otros llevamos para evitar el sobrepeso... Y eso, el último día y las carreras del aeropuerto esperando las maletas que no llegaban, de los nervios que no encontrábamos el camino para ir a coger el cercanías, llegar y cambiar los billetes, avisar a casa, quitarse capas de ropa, décimas de fiebre, nervios, amistades y fotos en el tren, ansia y llamar la atención al llegar a Córdoba… con todos vosotros… =)
Ahora, a ver si alguien le encuentra sentido a esta conversación:
- Mira, un campo de golf…
- Pues, ¿sabes qué consejo te doy? Nunca le eches gasolina mala a tu coche que estropea el motor…
Si alguien se lo encuentra, que me avise, me haría un gran favor…
Siempre habrá muchos detalles de este viaje que quedarán grabados en mi mente y en mi corazón. Como dijo Alberto aquel día de vuelta en el avión, fue la tierra que nos unió, que hizo fraguar lo que llevaba formándose y creciendo un tiempo atrás. Me gusta pensar que así todo fue más original, en su justo momento. Soy muy feliz porque el mejor regalo que pude traerme de Irlanda lo tengo conmigo. Te quiero, mi loquillo. I’m crazy for you. Gracias por tantas cosas.
>>> "Te siento y respiro. Te observo y resplandezco. Me siento… como hoja que mece el viento… me dejo llevar. Me haces ser grande, inmensa, llena de vida. Bendita naturaleza que en mí, obras el milagro del saber, entender, serenar y volar en libertad. Limpia, tierna… dulce armonía. Sentir tu aroma, la brisa suave del viento. Sin fin, llena de luz y color. Puestos en ti… tengo mis cinco sentidos..." <<<
La aventura en sí empezó aquel 18 de Julio que ya parece tan lejano. En el tren ya sentados los tres en dos asientos, mientras el hombre de atrás, mi compañero de asiento, se espatarraba a su aire. Nada de especial tiene un viaje en cercanías al aeropuerto ni la facturación de maletas allí, si no fuera por el dichoso sobrepeso que a dos que yo me sé les trajo dolores de cabeza. Sin embargo, eso no iba a fastidiar el viaje, pero sí que fue tema de bromas durante todo el viaje, me confieso. Y bueno, en el detector de metales, no consiguieron averiguar qué era lo que llevaba Alberto que tanto pitaba; luego parece ser que una bolita de papel de aluminio del bocadillo metida en el bolsillo pudo tener algo que ver.
Ya en Dublín, Heber nos recogió (tarde, pero lo hizo) y nos llevó a nuestro apartamento, que compartiríamos con otros tantos estudiantes. Empezamos a ver los volantes de los coches a la derecha y el conducir por la izquierda, algo a lo que creo que no llegamos a acostumbrarnos. Y al llegar a la casa, por suerte en algunos aspectos o por desgracia para otros, todos nuestros compañeros eran españoles. Uno de ellos de Cádiz; el resto, de Madrid. Como veríamos ya todas las noches, o al menos casi todas, tenían montada en la casa una fiesta con gente de fuera.
A la mañana siguiente, empezamos a hacer aquello que no dejamos de hacer en todo el tiempo que estuvimos allí: andar. El coche de San Fernando, gasolina gastó, fijo. El primer día fue “reconocimiento del terreno”; por la mañana fuimos a localizar la escuela, visitamos en parque Stephen Green y por la tarde fuimos con los compañeros de piso al museo de arte. Había cuadros de muchos pintores conocidos tanto españoles, como irlandeses y de toda Europa. Eso sí, lo mejor fue Alberto haciendo la rana como el que no quiere la cosa en mitad de la galería, nuestra interpretación de los cuadros a nuestra manera, o esos que parecían haber sido retocados con el PhotoShop. Ese día ya tuve que sentarme en la silla de la cocina que tenía las patas sueltas, y tiré el vaso de agua por toda la mesa… Pero no sería la última caída…
El lunes ya en la escuela, después del test y de coincidir allí con tres españoles, Mikel (¿o era árabe?), Jon y Maite, entramos en clase; Alberto y yo en la misma (para no variar… jajaja) y “Joseph Mary” (con cariño, pero tenía que ponerlo jejeje) en otra. Esa misma tarde fuimos de excursión con la escuela en un recorrido por el centro de la ciudad. Un detalle a comentar fue que, al irnos a montar en el autobús (cuando íbamos con la escuela sí que íbamos en transporte público), se ve que el conductor nos vio con cara de ser más pequeños, porque nos cobró con tarifa de niño :P. Visitamos los sitios más destacados del centro: el río Liffey y sus muchos puentes, el “Spire” (¿o era espaire?), Trinity College, Grafton Street, O’Connell, … Y Kevin, que nos hacía de guía, nos invitó a una Guinness. Yo que la cerveza de aquí no me va mucho y no la bebo, aquella ya… Aún cuando lo recuerdo siento en el paladar el sabor amargo que tenía. La verdad, para la gente que le guste la cerveza, pues le gustará (aunque se prefiera la de aquí), pero, por mí, que se la queden toda, yo me quedo con muchísimas cosas más de allí. Y bueno, algo que no es de allí pero que tampoco es de aquí es la expresión (que usaron los vascos, Mikel y Jon) de “apretarse el ojal”, que nos hizo gracia.
Durante esa semana hicimos de todo, nos cundió bastante. Vimos los Simpsons y Futurama en inglés, hicimos writing escribiendo, hablamos haciendo speaking, leimos un reading, escuchamos listening, visitamos un día el castillo por fuera, y al siguiente por dentro, jugaron al fútbol (y ya Alberto también participó en la final, y ganaron, con medalla y todo). Corrí detrás de palomas asustadizas, caminamos hasta el puerto el día que más llovía, vimos palomas casi zumbando (pero ciertos dos no las dejaron…), nos sentamos en un banco de 20 plazas, yendo con el paraguas casi me como unas ramas y pegué un grito que aún cierta mujer le retumbará en los tímpanos, atravesamos un charco enorme corriendo para que no nos salpicaran los coches, me cargué el paraguas y me compré al día siguiente uno por dos euros, utilicé por primera vez en mi vida un pela patatas (sí, me hizo ilusión… ), se quedaron sopa intentando ver una película, me dio la risa floja cuando íbamos a acostarnos, me “deleité” cada noche con las conversaciones de Alberto en sueños y Chema sufrió sus ataques físicos.
Estuvimos viendo (y haciendo fotos, por supuesto) por la iglesia St Patrick, la Christ Church y los alrededores; hicimos una pelea de almohadas, fuimos los tres casi al suelo y Alberto casi se mea encima de la risa, estuvimos en Temple Bar, tanto de día como de noche, disfrutando de la música en directo en los Pubs, algo que aquí en España, por desgracia, no se lleva. Ya el fin de semana estuvimos en el enorme Phoenix Park, pudimos conocer a “Dember” (Bender para el resto de personas), vimos “El Resplandor”, “Enemigo a las puertas”, y casi nos perdemos hasta llegar al parque Herbert.
En la segunda semana, Chema pudo hacer uno de sus sueños realidad, y en Croke Park tuvo la oportunidad de disfrutar del concierto de U2. Esa tarde, Alberto y yo estuvimos en Iveagh Gardens, la biblioteca nacional, que era impresionante pero no dejaban hacer fotos, y metimos “el gambón de nuestras vidas”, pues al ver en un edificio que era la facultad de los “physicians”, nos flipamos pensando que eso era lo que nosotros llegaremos a ser algún día; pero… días más tarde en clase pudimos despertar de nuestra ilusión y supimos la diferencia entre physician, médico, y Physicist, que sí es físico. Otras visitas de esa semana fueron al parque botánico, un bosque en realidad donde entablamos amistad con unas ardillas y un parque enorme con su monumento a Oscar Wilde, el museo de historia y arqueología. En esta semana fue el segundo percance con la silla rota; esta vez le tocó a Chema, que fue a levantarse y sintió como el punto de apoyo cedía, y llegó a dar con la rodilla en el suelo.
Este fin de semana fue más larguito, ya que el lunes era fiesta; de nuevo visitamos Temple Bar por la noche, y como visitas turísticas esos tres días fueron a Glendalough y toda la parte de los montes y los lagos de Wicklow, un sitio espectacular, impresionante, precioso. Sin duda, es el sitio más hermoso que he visto en mi vida, y quizás las fotos reflejen algo de su belleza, aunque sin verlo no sea lo mismo. El domingo estuvimos en Bray. Estuvimos en la playa, fuimos de senderismo por una montaña hasta el siguiente pueblo, Greystones, y desde allí regresamos a Dublín. Eso sí, siempre viendo los carteles en inglés y en “galeico" y sin poder olvidar que en el tren tenían “CCTV”. Ese día al llegar a casa vimos que la limpiadora había pasado por allí. Todo muy limpito, sí, pero nos había dejado sin patatas y sin paño. Y otra cosa, que teníamos la silla rota apartada para no caernos (again), y ella fue muy lista, la recompuso y allí la dejó en la mesa como si nada. ¿Qué pasó? Pues lo que tenía que pasar, que fui a sentarme a cenar, y una milésima de segundo después estaba “esturreá” por el suelo, y la mesa estaba en 7 u 8 pedazos… Me dio la risa floja al verme en el suelo allí tirá, y mientras Jose intentaba ayudarme a levantarme, Alberto decía “déjala, si se está riendo es que está bien”, y la verdad es que sí, es que estaba descojonándome. Fue muy bueno, la verdad. Un detalle importante fue que comenté que como ya nos habíamos casi caído nosotros dos, que ya le tocaba a Alberto la próxima; pero claro, como todo me tiene que pasar a mí, pues por hablar…
El lunes estuvimos de excursión con la escuela en Dalkey, donde unos montaron en cabras, vimos la casa del culo del Papa (Anno Santo), la de los Hobbits, y una castillo muy peculiar donde nos hicieron un espectáculo en plan con vestimentas y costumbres de la época. Nos explicaron porqué en Irlanda el gesto con los dedos que nosotros hacemos con el dedo corazón ellos lo hacen con el índice también, nos “deleitamos” viendo a un tío rascándose el ojete con una paleta de la cocina, y nos quedamos a cuadros cuando la actriz llamó “lord” y “man” a una mujer…
A la vuelta a Dublín nos llevamos un palo, porque queríamos entrar a terminar de ver la parte del museo de arqueología que nos había quedado, pero cerraba los lunes, y en la cena (como cada día, una anécdota) Alberto tuvo que liarla, para no variar. Puso en el horno tres pizzas pequeñas, y al querer sacarlas (usando para no quemarse el cojín de la silla, todo hay que decirlo…), inclinó la parrilla digamos que demasiado y, estábamos en la mesa y oímos un “ssshhhsss”; al asomarnos, vimos una de las pizzas, bocabajo estampada en el suelo y otra chorreando por la parrilla del horno. El caso es que se comió una entera, otra a medias y otra con la masa y lo que le quedó de tomate…
En esa última semana visitamos, por la cara, el museo de la Guinness, donde Chema se comía los granos tostados como pipas, donde la Cocacola no tenía ni gas, había unos asientos demasiado cómodos, nos hicimos una foto que luego nos enviamos por correo, escribimos una dedicatoria a la gente de Córdoba, nos enteramos de cómo empezó lo de los récords Guinness, y porqué el arpa como logotipo de la cerveza y el símbolo del país están al revés y disfrutamos en el Gravity Bar de unas estupendas vistas de toda la ciudad, donde, cómo no, para no hacer contraste con la ciudad en sí, los españoles abundaban. Ya el miércoles por la tarde estuvimos en Howth, donde caminamos bastante y disfrutamos de unas vistas en los acantilados que merecieron mucho la pena. Eso sí, dos personajes que no apreciaban mucho la vida se aventuraron a bajar a la playita al fondo de los acantilados y tuvieron que desistir por el riesgo que había. Las vistas eran preciosas y me encantó el sitio. No conseguimos ver las focas, pero bueno, el sitio es estupendo igualmente.
Perdimos el tren y, después de esperar casi media hora, nos montamos algo recelosos porque el nombre del destino no era muy concreto, pero después de pasar algo de miedo, sí que paró en nuestra parada. Por la noche, una patata resbaladiza hizo correr a Chema por toda la cocina, pero la cosa quedó ahí. Y bueno, poco más, porque quedaron los días de las compras y de pelearse con la maleta, algo que carece de emoción, salvo la preparación de las varias capas de ropa que unos más que otros llevamos para evitar el sobrepeso... Y eso, el último día y las carreras del aeropuerto esperando las maletas que no llegaban, de los nervios que no encontrábamos el camino para ir a coger el cercanías, llegar y cambiar los billetes, avisar a casa, quitarse capas de ropa, décimas de fiebre, nervios, amistades y fotos en el tren, ansia y llamar la atención al llegar a Córdoba… con todos vosotros… =)
Ahora, a ver si alguien le encuentra sentido a esta conversación:
- Mira, un campo de golf…
- Pues, ¿sabes qué consejo te doy? Nunca le eches gasolina mala a tu coche que estropea el motor…
Si alguien se lo encuentra, que me avise, me haría un gran favor…
Siempre habrá muchos detalles de este viaje que quedarán grabados en mi mente y en mi corazón. Como dijo Alberto aquel día de vuelta en el avión, fue la tierra que nos unió, que hizo fraguar lo que llevaba formándose y creciendo un tiempo atrás. Me gusta pensar que así todo fue más original, en su justo momento. Soy muy feliz porque el mejor regalo que pude traerme de Irlanda lo tengo conmigo. Te quiero, mi loquillo. I’m crazy for you. Gracias por tantas cosas.
>>> "Te siento y respiro. Te observo y resplandezco. Me siento… como hoja que mece el viento… me dejo llevar. Me haces ser grande, inmensa, llena de vida. Bendita naturaleza que en mí, obras el milagro del saber, entender, serenar y volar en libertad. Limpia, tierna… dulce armonía. Sentir tu aroma, la brisa suave del viento. Sin fin, llena de luz y color. Puestos en ti… tengo mis cinco sentidos..." <<<
Entre unas cosas y otras, desde que hace casi dos semanas que terminó todo, al menos por un tiempo, al fin vuelvo por aquí. Vuelvo para volver pronto a marcharme, pero bueno. Vuelvo con un cúmulo de sentimientos entremezclados. Felicidad, por todo lo que tengo en la vida. Porque tengo a mi lado a personas que hacen que muchas cosas sean posibles, pero no quiero ponerme pesada. Satisfacción, por haber conseguido, después de tanto esfuerzo, terminar tercero limpia y con la tranquilidad de tener el verano libre en ese sentido. Lo que no me ha matado, pues me ha hecho más fuerte. Por otra parte, de la escuela de idiomas no salí tan mal como esperaba; sólo me ha quedado la parte del oral, que ni me presenté. Ahora lo malo es que no consiga aprobarla y de nada haya servido aprobar lo demás, pero bueno, estoy contenta de haber conseguido lo que he conseguido; si al final no sale, pues tampoco le doy mayor importancia, es algo secundario. Nerviosa, quizás algo asustada, por la sensación de que en unos seis días estaremos de viaje en Dublín, liándola. Es el no saber cómo irá la cosa; siento que los primeros días será lo más difícil, hasta que nos asentemos y organicemos, pero por otra parte, estoy contenta y deseando que llegue. En realidad, es un poco de todo, pero bueno, yo espero que todo vaya de lujo. Y bueno, echaremos de menos a esas personas que queremos y que se quedan aquí, pero estaremos en contacto, eso seguro, y luego se hará corto. Y bueno, contenta y satisfecha por sentir que la gente a la que le doy clases ha aprobado bien y que siguen confiando en mí para seguir en ello.
Y bueno, de todo un poco. Verano, fin de curso, vacaciones, calor, melancolía, temores, reflexiones… Muchos recuerdos en la mente, muchos pensamientos sobre muchas cosas. Sí, mucho tiempo libre en el tiempo que no tenía ordenador… A veces, y no sé por qué, me siento rara, me siento como fuera de mí misma, como alguien que observa su propia vida pero desde fuera, desde la perspectiva de un simple espectador sentado en la butaca de un cine. Hay veces que me miro al espejo y no me veo; no me entiendo, no sé lo que quiero o no entiendo por qué he dicho he hecho aquello que, pensándolo bien, no me pegaba… ¿o sí? Es que ni lo sé, y esa es la cuestión. A veces siento que necesito un resquicio de luz que creo perder, un manantial en el desierto, una hoguera en el frío de mi alma, una mañana de primavera como aquella que anhelo cuando siento que el invierno se hace perenne. Pero tengo la fuerza que me empuja día tras día hacia delante, eso no lo dudo, aunque a veces pierdo mi camino, mi sueño, mi ilusión. El problema es que me tomo demasiado en serio esta loca existencia, y yo ya tengo comprobado que el aburrimiento siempre me lleva a lo mismo. Pero ya no le doy tiempo ni a que aparezca, así que fuera problema, aunque ese miedo siempre siga ahí, latente.
Tenía pensado poneros la letra de una canción que conozco desde hace algo más de tres años y cuya versión (la original) en italiano hasta me aprendí en su día, pero ciertos detalles de estos últimos días me han hecho dejar la otra para otra ocasión y cambiar la canción por esta otra. Aparte de sentirme identificada con la letra, recuerdo que fue la primera canción que puse en mi espacio de MSN cuando escribía en él allá en mis tiempos de bachillerato tal y como hago ahora aquí. Allí tenía mi blog y también escribía asiduamente. Después, cambié a esta página porque me empezó a dar problemas, y bueno, aquí sigo. Supongo que siempre me ha gustado esto de escribir mis cosillas, y bueno, en aquel tiempo esta canción no estaba anticuada, como ahora lo está, pero me vale igualmente, por muchas cosas. Es “Esta soy yo”, de El Sueño de Morfeo. Seguro que la conocéis, pero dejo aquí la base de la letra igualmente:
Dicen que soy
Un libro sin argumento
Que no se si vengo o voy
Que me pierdo entre mis sueños
Dicen que soy una foto en blanco y negro
Que tengo que dormir más
Que me puede mi mal genio
Dicen que soy
Una chica normal
Con pequeñas manías que hacen desesperar
Que no sé bien
Donde está el bien y el mal
Donde está mi lugar
Y esta soy yo
Asustada y decidida
Una especie en extinción
Tan real como la vida
Y esta soy yo
Ahora llega mi momento
No pienso renunciar
No quiero perder el tiempo
Y esta soy yo
Y esta soy yo
Dicen que voy
Como perro sin su dueño
Como barco sin un mar
Como alma sin su cuerpo
Dicen que soy
Un océano de hielo
Que tengo que reír más
Y callar un poco menos
Y esta soy yo
Asustada y decidida
Una especie en extinción
Tan real como la vida
Y esta soy yo
Ahora llega mi momento
No pienso renunciar
No quiero perder el tiempo
Y esta soy yo
Y esta soy yo
Excepto por lo de que debo callar un poco menos, que pienso que hablo lo bastante, a veces demasiado, por lo demás me creo leerme a mí misma, incluso ayer mismo alguien me dijo lo de “especie en extinción”, no sé si casualidad o citando la frase de esta canción…
Hasta otro día con más inspiración. Un beso.
>>> “Cuando volveré… a no querer saber del tiempo, si el mundo corre o deja de correr…” <<<
Y bueno, de todo un poco. Verano, fin de curso, vacaciones, calor, melancolía, temores, reflexiones… Muchos recuerdos en la mente, muchos pensamientos sobre muchas cosas. Sí, mucho tiempo libre en el tiempo que no tenía ordenador… A veces, y no sé por qué, me siento rara, me siento como fuera de mí misma, como alguien que observa su propia vida pero desde fuera, desde la perspectiva de un simple espectador sentado en la butaca de un cine. Hay veces que me miro al espejo y no me veo; no me entiendo, no sé lo que quiero o no entiendo por qué he dicho he hecho aquello que, pensándolo bien, no me pegaba… ¿o sí? Es que ni lo sé, y esa es la cuestión. A veces siento que necesito un resquicio de luz que creo perder, un manantial en el desierto, una hoguera en el frío de mi alma, una mañana de primavera como aquella que anhelo cuando siento que el invierno se hace perenne. Pero tengo la fuerza que me empuja día tras día hacia delante, eso no lo dudo, aunque a veces pierdo mi camino, mi sueño, mi ilusión. El problema es que me tomo demasiado en serio esta loca existencia, y yo ya tengo comprobado que el aburrimiento siempre me lleva a lo mismo. Pero ya no le doy tiempo ni a que aparezca, así que fuera problema, aunque ese miedo siempre siga ahí, latente.
Tenía pensado poneros la letra de una canción que conozco desde hace algo más de tres años y cuya versión (la original) en italiano hasta me aprendí en su día, pero ciertos detalles de estos últimos días me han hecho dejar la otra para otra ocasión y cambiar la canción por esta otra. Aparte de sentirme identificada con la letra, recuerdo que fue la primera canción que puse en mi espacio de MSN cuando escribía en él allá en mis tiempos de bachillerato tal y como hago ahora aquí. Allí tenía mi blog y también escribía asiduamente. Después, cambié a esta página porque me empezó a dar problemas, y bueno, aquí sigo. Supongo que siempre me ha gustado esto de escribir mis cosillas, y bueno, en aquel tiempo esta canción no estaba anticuada, como ahora lo está, pero me vale igualmente, por muchas cosas. Es “Esta soy yo”, de El Sueño de Morfeo. Seguro que la conocéis, pero dejo aquí la base de la letra igualmente:
Dicen que soy
Un libro sin argumento
Que no se si vengo o voy
Que me pierdo entre mis sueños
Dicen que soy una foto en blanco y negro
Que tengo que dormir más
Que me puede mi mal genio
Dicen que soy
Una chica normal
Con pequeñas manías que hacen desesperar
Que no sé bien
Donde está el bien y el mal
Donde está mi lugar
Y esta soy yo
Asustada y decidida
Una especie en extinción
Tan real como la vida
Y esta soy yo
Ahora llega mi momento
No pienso renunciar
No quiero perder el tiempo
Y esta soy yo
Y esta soy yo
Dicen que voy
Como perro sin su dueño
Como barco sin un mar
Como alma sin su cuerpo
Dicen que soy
Un océano de hielo
Que tengo que reír más
Y callar un poco menos
Y esta soy yo
Asustada y decidida
Una especie en extinción
Tan real como la vida
Y esta soy yo
Ahora llega mi momento
No pienso renunciar
No quiero perder el tiempo
Y esta soy yo
Y esta soy yo
Excepto por lo de que debo callar un poco menos, que pienso que hablo lo bastante, a veces demasiado, por lo demás me creo leerme a mí misma, incluso ayer mismo alguien me dijo lo de “especie en extinción”, no sé si casualidad o citando la frase de esta canción…
Hasta otro día con más inspiración. Un beso.
>>> “Cuando volveré… a no querer saber del tiempo, si el mundo corre o deja de correr…” <<<
Como dijo una vez Sigmund Freud, “quien piensa en fracasar, ya fracasó antes de intentar; quien piensa en ganar, lleva ya un paso adelante”.
Cuando no se sabe adónde ir, nunca se llega… ¿Adónde?… No se sabe. Cada uno, a su manera y como puede o quiere, guarda en su cerebro un cúmulo de objetivos que algún día desearía hacer realidad, porque los intuye como logros para su bien personal e incluso su felicidad. Conseguir la armonía con quienes hay más proximidad de mente y alma, establecer una nueva relación que ilumine tu corazón, descubrir ese alguien que apague las soledades, sentir que eres imprescindible en la vida de otra persona, conseguir poner buena cara al mal tiempo, hacer posible ese viaje o aquel trabajo, leer y entender aquel libro, conseguir terminar aquello que empezó algún día, visitar a sus familiares más a menudo, dejar de lado el rencor, dejarse llevar por esa trama ficticia, adelgazar aquellos kilos que sobran y que a veces hacen perder el amor propio… una infinidad de objetivos e ideales, de sueños personales e intransferibles que vamos construyendo y tejiendo a lo largo de nuestra vida.
Es lógico que muchas de nuestras actuaciones las hagamos pensando en hacerlos posibles, porque cuanto más se pierde el tiempo, el tiempo menos responde… La independencia del tiempo no lo es tanto quizás. La intención y el esfuerzo para conseguir lo soñado siempre hacen aumentar la energía y la pasión y optimizan las neuronas: nos hacen vibrar, que es la forma más llena y bella de vivir.
Incluso en las épocas de mayor abatimiento, cuando el suelo se nos ha vuelto barro y el aire parece arena, hay que formularse un deseo posible, asirse a un ideal y concentrarse en conseguirlo, porque sólo ahí es donde encontramos el ápice de energía que nos permite sentir en nuestro interior una lejana y a veces casi imperceptible vibración: la del retorno a la vida.
A veces nos preguntamos mucho sobre nuestra felicidad, porque a veces nos sentimos solos, olvidados y con miedos... Sentir miedo es normal y natural, pero cuando nos dejamos dominar por él, es el problema... Pero supera esos miedos, atrévete a cambiar, actúa a pesar de tu miedo y ten por seguro que este desaparecerá… Y siempre, vayamos a dónde vayamos, sigamos el camino que nos guíen nuestros sueños. Siempre hay que soñar… incluso para seguir bien despierta…
Mucho ánimo y fuerzas para los que, como servidora, estáis de exámenes. Luchemos por lo que queremos, sea lo que sea, nadie dijo que fuera fácil… Nada en esta vida lo es.
Me he querido permitir hacerme un hueco y pasarme por aquí. Hasta la próxima, ya cuando esté todo más tranquilo. Un abrazo y un beso muy fuertes. Os quiero.
>>> “La alegría de vivir y entender es el más perfecto don de la Naturaleza. (Albert Einsten)” <<<
Cuando no se sabe adónde ir, nunca se llega… ¿Adónde?… No se sabe. Cada uno, a su manera y como puede o quiere, guarda en su cerebro un cúmulo de objetivos que algún día desearía hacer realidad, porque los intuye como logros para su bien personal e incluso su felicidad. Conseguir la armonía con quienes hay más proximidad de mente y alma, establecer una nueva relación que ilumine tu corazón, descubrir ese alguien que apague las soledades, sentir que eres imprescindible en la vida de otra persona, conseguir poner buena cara al mal tiempo, hacer posible ese viaje o aquel trabajo, leer y entender aquel libro, conseguir terminar aquello que empezó algún día, visitar a sus familiares más a menudo, dejar de lado el rencor, dejarse llevar por esa trama ficticia, adelgazar aquellos kilos que sobran y que a veces hacen perder el amor propio… una infinidad de objetivos e ideales, de sueños personales e intransferibles que vamos construyendo y tejiendo a lo largo de nuestra vida.
Es lógico que muchas de nuestras actuaciones las hagamos pensando en hacerlos posibles, porque cuanto más se pierde el tiempo, el tiempo menos responde… La independencia del tiempo no lo es tanto quizás. La intención y el esfuerzo para conseguir lo soñado siempre hacen aumentar la energía y la pasión y optimizan las neuronas: nos hacen vibrar, que es la forma más llena y bella de vivir.
Incluso en las épocas de mayor abatimiento, cuando el suelo se nos ha vuelto barro y el aire parece arena, hay que formularse un deseo posible, asirse a un ideal y concentrarse en conseguirlo, porque sólo ahí es donde encontramos el ápice de energía que nos permite sentir en nuestro interior una lejana y a veces casi imperceptible vibración: la del retorno a la vida.
A veces nos preguntamos mucho sobre nuestra felicidad, porque a veces nos sentimos solos, olvidados y con miedos... Sentir miedo es normal y natural, pero cuando nos dejamos dominar por él, es el problema... Pero supera esos miedos, atrévete a cambiar, actúa a pesar de tu miedo y ten por seguro que este desaparecerá… Y siempre, vayamos a dónde vayamos, sigamos el camino que nos guíen nuestros sueños. Siempre hay que soñar… incluso para seguir bien despierta…
Mucho ánimo y fuerzas para los que, como servidora, estáis de exámenes. Luchemos por lo que queremos, sea lo que sea, nadie dijo que fuera fácil… Nada en esta vida lo es.
Me he querido permitir hacerme un hueco y pasarme por aquí. Hasta la próxima, ya cuando esté todo más tranquilo. Un abrazo y un beso muy fuertes. Os quiero.
>>> “La alegría de vivir y entender es el más perfecto don de la Naturaleza. (Albert Einsten)” <<<
Acabé ayer despeinada… veo las fotos y… ¿para qué me peino? No, no os voy a hablar de tonterías… Pero es que quizás, parándose a pensarlo, todos deberíamos vivir despeinados, sin poses, disfrutando cada momento, cada experiencia, cada afecto. Sin lugar a dudas, seríamos mucho más felices. He aprendido que hay que dejar que la vida te despeine, por eso he decidido disfrutar la vida con mayor intensidad… Tomándome las cosas no tan a pecho, relajada, tranquila, intentando conservar la paciencia y el optimismo, por muy difícil que sea a veces…
El mundo está loco. Definitivamente loco… Lo que está más rico, engorda. Lo bonito sale caro. Lo correcto, no siempre es lo bueno. Lo que quieres, lleva su tiempo. El sol estropea tu piel. Y lo realmente bueno de esta vida, despeina…
Reírte a carcajadas, despeina. Viajar, correr, meterte en el agua en el mar, despeina. Quitarte la ropa, despeina. Besar a la persona que amas, despeina. Jugar, despeina. Cantar hasta que te quedes sin aire, despeina. Bailar hasta que los zapatos más planos te hagan que tus pies duelan, despeina…
Así que intentaré, no literalmente pero sí metafóricamente, y cierto es que llegar a mi casa con el pelo peinadito es inusual en mí, tener siempre el pelo despeinado… Y aunque así lo lleve, no tengas duda de que estaré pasando por un momento enormemente feliz de mi vida. Es ley de vida: siempre va a estar más despeinada la mujer que elija ir la primero en la montaña rusa, que la que elija no subirse, hablando metafóricamente.
En esta sociedad nos tientan a ser mujeres impecables, peinadas y planchaditas por dentro y por fuera. El aviso clasificado de este mundo exige buena presencia: arréglate, cómprate, adórnate, corre, ponte a dieta, adelgaza, come sano, ponte seria…
Y quizá debería seguir las instrucciones pero ¿cuando me van a dar la orden de ser feliz? Lo único que realmente importa es que al mirarme al espejo, vea a la mujer que quiero ser, que me mire y me sienta orgullosa de cómo y qué soy. Por eso esta es mi recomendación a todas las mujeres y, por qué no, a todos los hombres.
Entrégate, come lo que te gusta, besa, abraza, baila, enamórate, relájate, viaja, salta, acuéstate tarde, di lo que piensas, lo que sientes, levántate temprano, corre, vuela, canta, ponte cómoda, admira el paisaje, simplemente disfruta…
Porque la vida son dos días… La vida es una noche tumbada en la playa, mirando las estrellas, viendo algunas y otras sin verlas, soñando despierta, dejando que la arena se cuele entre los dedos de mis pies… Esa sensación de tranquilidad y calma… Ese rozar de la punta de los dedos con el agua, esa sensación de sentirse viva… Y la noche, siempre la noche… La noche es mágica. Me hace vivir, no pensar, o quizás pensar demasiado. Me permite soñar, imaginar… La noche… la noche me hace única…
>>> “Cuando ante ti se abran muchos caminos y no sepas cual recorrer, no te metas en uno cualquiera al azar: siéntate y aguarda. Respira con la confiada profundidad con que respiraste el día que viniste al mundo, sin permitir que nada te distraiga: aguarda y aguarda más aún. Quédate quieta, en silencio, y escucha a tu corazón. Y cuando te hable, levántate y ve dónde él te lleve… Hace mucho tiempo que empecé a escuchar a mi corazón, pero siempre llevando un rumbo, nunca quieta. No quiero volver a estar quieta nunca más, quiero ser quien soy, esa niña rebelde que no puede estarse quieta, esa niña que siempre tiene esa sonrisa en sus labios, esa niña que radia felicidad en sus ojos… ” <<<
El mundo está loco. Definitivamente loco… Lo que está más rico, engorda. Lo bonito sale caro. Lo correcto, no siempre es lo bueno. Lo que quieres, lleva su tiempo. El sol estropea tu piel. Y lo realmente bueno de esta vida, despeina…
Reírte a carcajadas, despeina. Viajar, correr, meterte en el agua en el mar, despeina. Quitarte la ropa, despeina. Besar a la persona que amas, despeina. Jugar, despeina. Cantar hasta que te quedes sin aire, despeina. Bailar hasta que los zapatos más planos te hagan que tus pies duelan, despeina…
Así que intentaré, no literalmente pero sí metafóricamente, y cierto es que llegar a mi casa con el pelo peinadito es inusual en mí, tener siempre el pelo despeinado… Y aunque así lo lleve, no tengas duda de que estaré pasando por un momento enormemente feliz de mi vida. Es ley de vida: siempre va a estar más despeinada la mujer que elija ir la primero en la montaña rusa, que la que elija no subirse, hablando metafóricamente.
En esta sociedad nos tientan a ser mujeres impecables, peinadas y planchaditas por dentro y por fuera. El aviso clasificado de este mundo exige buena presencia: arréglate, cómprate, adórnate, corre, ponte a dieta, adelgaza, come sano, ponte seria…
Y quizá debería seguir las instrucciones pero ¿cuando me van a dar la orden de ser feliz? Lo único que realmente importa es que al mirarme al espejo, vea a la mujer que quiero ser, que me mire y me sienta orgullosa de cómo y qué soy. Por eso esta es mi recomendación a todas las mujeres y, por qué no, a todos los hombres.
Entrégate, come lo que te gusta, besa, abraza, baila, enamórate, relájate, viaja, salta, acuéstate tarde, di lo que piensas, lo que sientes, levántate temprano, corre, vuela, canta, ponte cómoda, admira el paisaje, simplemente disfruta…
Porque la vida son dos días… La vida es una noche tumbada en la playa, mirando las estrellas, viendo algunas y otras sin verlas, soñando despierta, dejando que la arena se cuele entre los dedos de mis pies… Esa sensación de tranquilidad y calma… Ese rozar de la punta de los dedos con el agua, esa sensación de sentirse viva… Y la noche, siempre la noche… La noche es mágica. Me hace vivir, no pensar, o quizás pensar demasiado. Me permite soñar, imaginar… La noche… la noche me hace única…
>>> “Cuando ante ti se abran muchos caminos y no sepas cual recorrer, no te metas en uno cualquiera al azar: siéntate y aguarda. Respira con la confiada profundidad con que respiraste el día que viniste al mundo, sin permitir que nada te distraiga: aguarda y aguarda más aún. Quédate quieta, en silencio, y escucha a tu corazón. Y cuando te hable, levántate y ve dónde él te lleve… Hace mucho tiempo que empecé a escuchar a mi corazón, pero siempre llevando un rumbo, nunca quieta. No quiero volver a estar quieta nunca más, quiero ser quien soy, esa niña rebelde que no puede estarse quieta, esa niña que siempre tiene esa sonrisa en sus labios, esa niña que radia felicidad en sus ojos… ” <<<















